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Educar en Valores.

Cuando educas a tus hijos o a tus alumnos, el día a día te sumerge en una batalla de lo cotidiano y las prio- ridades se marcan por las necesidades más inmediatas. A veces se hace difícil encontrar un tiempo para tomar distancia y reflexionar sobre quiénes son, cómo son y cómo queremos que sean los pequeños que se nos confían.

Si miramos atrás, nuestraCaptura-de-pantalla-2015-05-14-a-las-9.03.12 infancia y adolescencia nos hizo a nosotros, y buceamos en los recuerdos para encontrar las cosas que nos enseñaron a vivir. Pero aquello parece lejano, y la distancia ha dejado muchas cosas relegadas en el olvido y otras parecen pasadas de moda.

Incluso los nombres
de aquellos valores que tanto significaron para nosotros: cosas como la austeridad, la templanza y fortaleza de carácter, la pureza y castidad, la obediencia, la honestidad o la pobreza hoy suenan trasnochados, pasados de moda, fuera de lugar. Otros cobran un mayor protagonismo en nuestros foros educativos. Sin embargo nos preguntamos si al relegar los primeros al olvido, no hemos perdido por el camino algunas cosas muy importantes.

Es necesario una educación en valores en la escuela. De esos valores que en aquellos tiempos llamábamos virtudes, nombre también que suena a rancio, pero que hunde sus raíces en la tradición más antigua de los griegos a los que, como decía Aristóteles, les importaba «no tanto saber lo que es bueno, sino ser bueno». Ese sentido práctico de entrenamiento de los comportamientos visibles, hábitos interiorizados de hacer el bien es lo que queremos recuperar para la escuela.

Es necesario educar en valores durante la infancia y esa adolescencia cada vez más precoz de los últimos años de primaria, donde los cambios que experimentan nos desconciertan a los educadores. La cuestión no es dar recetas sino interpelarnos sobre cómo seguir fomentando los hábitos de una vida virtuosa, que hoy llamamos vidas de una calidad moral y espiritual excepcional que les permita convertirse en adultos testigos de la vida evangélica en un mundo de nuevos desafíos y necesidades.

Educar en valores puede convertirse en una nueva seducción, a veces arrinconada como las virtudes olvidadas. Apostemos entonces por educar en el respeto activo, cultivar el pensamiento crítico y riguroso, la tensión hacia la perfección personal, la resiliencia, los lenguajes del afecto profundo, el valor del dinero, el sentido del tiempo, el valor del compromiso, la espiritualidad y la visión de futuro.

Fernando Cordero

Religioso de los Sagrados Corazones y Periodista

Aparecido en “Catalunya Cristiana”

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Escrito por Redacción

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