¿Dónde está tu hermano?

¿Dónde está, tu hermano? No sé (contesto Caín) ¿acaso soy guardián de mi hermano? (Gn 4).

Acaso me tiene que importar el otro humano, ¿soy responsable o el encargado de la vida de otro humano? Podemos seguir con más respuesta o interrogantes parecidas a la del mito del génesis; ese mito refleja el significado de la vida en su interrelación y dependencia que nos tenemos. Los humanos pertenecemos a la comunidad de vida, que incluye todos los que habitamos este planeta: humanos, animales, plantas, seres vivos de todo tipo en sus diferentes ecosistemas. Es ese mismo sentido que dan los autores del génesis, por eso inician con la primera y fundamental relación que tenemos todos en una misma creación, en esta CASA COMUN (Gn 1-2).

El papa Francisco plantea, en la Laudato Si, la urgencia de estar conscientemente integrados y de sentirnos responsablemente parte de la creación, de todo lo que habita. Dice al respecto.

“El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar. El Creador no nos abandona, nunca hizo marcha atrás en su proyecto de amor, no se arrepiente de habernos creado” (LS 13).

“El riesgo permanente de volverse profundamente individualistas, y muchos problemas sociales se relacionan con el inmediatismo egoísta actual, con las crisis de los lazos familiares y sociales, con las dificultades para el reconocimiento del otro. Muchas veces hay un consumo inmediatista y excesivo de los padres que afecta a los propios hijos, quienes tienen cada vez más dificultades para adquirir una casa propia y fundar una familia.

Nuestra incapacidad para pensar seriamente en las futuras generaciones está ligada a nuestra incapacidad para ampliar los intereses actuales y pensar en quienes quedan excluidos del desarrollo. No imaginemos solamente a los pobres del futuro, basta que recordemos a los pobres de hoy, que tienen pocos años de vida en esta tierra y no pueden seguir esperando. Por eso, « además de la leal solidaridad intergeneracional, se ha de reiterar la urgente necesidad moral de una renovada solidaridad intrageneracional »” (LS 162).

Es un camino de dependencias e interdependencias con los habitantes del presente como con las “futuras generaciones”, con los que vivirán en este planeta que se nos ha prestado. Estamos interrelacionados desde lo vital, por ende desde lo ético que nos rige para un bien mayor y mejor en calidad de vida para todas las criaturas.

Por eso la pregunta ética es directa: ¿dónde está tu hermano y hermana?

En esta realidad que se da en nuestra CASA COMUN, en estos momentos los más afectados son aquellos que son forzados a migrar hoy.

Los migrantes son humanos, civiles y compatriotas que desde hace años salen de nuestro países, dejando sus hogares, en especial del triángulo norte centroamericano (TNCA), buscando nuevos espacios, nuevos lugares vitales y dignos para desarrollarse como personas y familia, como comunidad.

Desde hace algunos años en especial para estos países de Guatemala, El Salvador y Honduras, es casi un suicidio anunciado pasar por el territorio Mexicano, y querer llegar a los EEUU. Además hay que tener claro que desde el 2009 para Honduras por el golpe de estado, luego para los otros países del triángulo norte, los migrantes además de salir por el empobrecimiento de sus hogares y por la falta de una vida digna, están huyendo por temor a sus vidas amenazadas por el crimen organizado y las fuerzas armadas y policiales del país. Nos referimos a una migración forzada, desgarradora y violenta.

En un estudio reciente se presenta que, “el 92,2% de los migrantes y refugiados atendidos por los equipos de salud mental de Médicos Sin Frontera en 2015 y 2016 habían sufrido un evento violento en su país de origen o durante la ruta a través de México” (2017).

“Datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), el total de solicitudes de asilo de centroamericanos subió en un 42% entre 2005 (4,646) y 2010 (8,052).  Asimismo, entre 2010 y 2014 ese número se incrementó en un 410% al pasar de 8,052 a 41,124 solicitudes de asilo” (Consejería en Proyectos para Refugiados Latinoamericanos. 2016).

“…de acuerdo a la ACNUR actualmente 65.6 millones de personas en todo el mundo hacia finales de 2016 se habían visto forzadas a abandonar sus hogares en búsqueda de un lugar mejor donde pudieran tener protección”.

Los otros datos escalofriantes que nos gritan donde está tu hermano y hermana son:

Deportados por México, 2015:Deportados por EEUU, 2015:
Guatemala: 70,493

El Salvador: 29,150

Honduras: 50,527

Nicaragua: 1,281

 

Guatemala: 31,443

El Salvador: 21,920

Honduras: 19,336

Nicaragua: 867

México: 146,132

 

Cada deportado es un hermano y hermana que vive al lado, que está en las filas de buses o caminando buscando empleo; cada humano forzado a migrar es nuestro hermano y hermana que clama por nuestra solidaridad. Los “éxodos o caravanas” que han salido de los países de Honduras y El Salvador, son solo expresión colectiva desbordada de la desesperación y violencia desgarradora de nuestros países.

¿Dónde está tu hermano y hermana centroamericana: hombre, mujer, homosexual, lesbiana, niño y niña, anciano y anciana?

 

René Arturo Flores, OFM

 

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