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Domingo: ¡Qué bueno caminar contigo! Por fray Manuel Romero, TOR

Este domingo, todavía resuenan en mis oídos las palabras de Jesús la noche en que fue entregado: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado. En esto conocerán que sois mis discípulos; si os tenéis amor los unos a los otros”.

Me vienen a la memoria hoy porque Jesús, en el evangelio, intenta describirse. Algo bien difícil para uno mismo. ¡Intenta tú definirte! Es delicado y restrictivo, ¿verdad? Pues por eso, al decirse hoy Jesús como “pastor” le veo lavando mis pies e invitándome a hacerlo con el resto del rebaño.

Amaos como yo os he amado. Jesús nos amó con corazón de “pastor”. Esa es la comparación que usa y que le define. Aunque se nos quede lejana y se nos antoje incomprensible -para muchos urbanitas-, hemos de reconocer que es sugerente. Más allá de haber conocido a un pastor, de ver hoy un rebaño por nuestras calles o de saber ordeñar, podemos hacernos una idea de cómo amaba Cristo: con sentimientos de protección, con entrañas maternales y con un conocimiento profundo y único de cada uno de nosotros. Rasgos que trascienden la comparación y que nos ayudan. Primero a conocerle y, después, a descubrir la distancia existente entre su autoridad y la que ejercían los sacerdotes, los fariseos, los reyes y emperadores de su tiempo. Hemos de reconocer que su poder le viene de lo alto y su amor de lo profundo del corazón.

En esto conocerán que sois de los míos. De su rebaño son todos aquellos que le reconocen como Señor, como guía y maestro. También los que, sin conocerle, se encuentran desprotegidos y que, en un momento dado, se dejarían acunar, alimentar y aconsejar por Él.

Si os tenéis amor los unos a los otros. Del rebaño son todos los que viven como Él vivió. Los que dejan atrás sus ansias de poder para amar desinteresadamente al prójimo. Los que son capaces de renunciar a sus derechos para primar los de los últimos. Los que se ponen a lavar los pies de los demás sin mirar si se lo merecen, si lo van a entender o lo van a aprovechar.

En estos días el Señor ama con más delicadeza a los que, engañados por nosotros, se lanzan a la mar para escapar de la guerra, de la persecución religiosa y del hambre… y mueren ahogados o viven estigmatizados por ser inmigrantes.
En estos días el Señor se muestra más “pastor” con ellos que con nosotros… ¡Y sí, más exigente! Porque la seguridad de nuestras costas, nos hace percibir como amenaza a los que, por encima de la raza, la lengua o la pobreza, profesan la misma fe y creen en el amor del Pastor.

Aquella noche Jesús terminó diciendo: “Os he dado ejemplo para que, lo que he hecho con vosotros, también lo hagáis… Porque quien quiera ser el más importante entre vosotros ha de ser vuestro servidor”. Y aquí radica la autoridad y el pastoreo que ejerce la Iglesia. Quien está llamado al servicio de autoridad entre nosotros, debe recordar esto para no equivocarse nunca: servir es reinar. Esto va hoy por la Jerarquía, los clérigos, los religiosos, los catequistas, los responsables de grupos, los educadores… Por todos los que han recibido el encargo de guiar a sus hermanos: conociéndolos, sirviéndolos y animándolos.

De ahí que se celebre la Jornada Mundial por las Vocaciones específicas en la Iglesia a ese servicio de autoridad. Con el lema: ¡Qué bueno caminar contigo!, se nos pide reconocernos como parte del rebaño que camina con Jesús. Así como rezar para que ese pastoreo se realice desde los parámetros del amor fraterno y la obediencia. ¡Sí, si… obedecer! Es la respuesta agradecida al amor que Cristo nos regala y del cuidado que aún -como “pastor”- nos depara a través de los que Él llama.

 

Via LCDLP

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Escrito por Redacción

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