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Día de la Mujer, una mirada franciscana.

En Honduras, seguimos en dictadura patriarcal, machista y misógina.

“…Instruir a la mujer es hacerla digna y levantarla. Abrirle un campo más vasto de porvenir, es arrancar a la degradación muchas de sus víctimas. Es preciso que la mujer deje de ser mendiga de protección; y pueda vivir sin que tenga que sacrificar su felicidad con uno de los repugnantes matrimonios modernos; o su virtud con la venta indigna de su honra…”

(Extractado de “la Instrucción de la mujer”, 

Gabriela Mistral, La Voz del Elqui, 8 de marzo de 1906)

En este día revivimos el grito y clamor de la mujer, invisibilizada por una sociedad consumida por la violencia del patriarcado. Hoy la mujer se transforma y reinventa en más espacios, también con una nueva espiritualidad de la mujer que busca salvar el planeta y a las mujeres pobres, al subgrupo vulnerable, de los grupos vulnerables, siempre el rostro de una mujer, por ello es necesario seguir reivindicando este día, con la denuncia y el reclamo por la violencia indiscriminada a la MUJER.

Actualmente Honduras es el tercer país en América Latina con las tasas más altas de embarazos en niñas de 14 a 18 años, mujeres que no gozan siquiera de educación sexual que les permita tomar decisiones correctamente informadas. Además, el registro de mujeres asesinadas sigue incrementándose en el país, esta problemática se ha encrudecido no solo en Honduras sino en toda Latinoamérica, recientemente nos golpearon el corazón con los asesinatos de Ingrid Escamilla y de la niña Fátima, estos provocaron la exigencia de medidas concretas para combatir la violencia contra las mujeres en México. Ingrid y Fátima se suman a la larga lista de mujeres víctimas de feminicidios en todo el mundo. Esta es nuestra crucifixión, asesinarnos de maneras tan viles, ser parte de los noticieros, tomar auge en el escándalo mediático y luego quedar impunemente sobre papeles de denuncias de los familiares dolientes. 

En este contexto, surgen más movimientos de mujeres y crece la conciencia femenina de la humanidad, que ha dado un giro profético para esta casa común, la mujer despierta para volver a edificarse como mujer luchadora, valiente y libre y libertaria, puesto que históricamente muchas de nuestras madres también despertaron para darnos hoy una mirada diferente de lo que somos y podemos ser. 

A pesar de la violencia a la mujer que nos sacude de tantas formas, también hay muchas mujeres despertando, pues cada vez hay más mujeres que ponen un punto de no retorno, con marchas, luchas, propuestas que se distinguen con frases nada simbólicas, sino reales y significativas: “mi cuerpo mi decisión, vivas nos queremos, nací libre, quiero morir libre, ni una menos, somos el grito de las que ya no están, yo no muero, a mí me matan, camino a casa quiero ser libre no valiente”, etc. Son estas mujeres que dan la cara, ponen el rostro, la voz y la vida en defensa de todas las mujeres; son esas magdalenas que ya no se callan frente al machismo asesino.

Las mujeres contienen la vida en tantos aspectos, en nuestras historias están las caricias de un rostro de mujer, por una madre, hija, hermana, amiga, compañera, una aliada que nos contuvo en los momentos de fragilidad, de furia, dolor, alegría y tristezas. Y hoy somos más conscientes que no solamente somos caricia, sino también somos fuerza, empuje, creadoras, resistencia, insistencia, creatividad, veracidad, coraje, lucha y también más pacíficas. De esto somos, mujeres de carne y hueso, mujeres creyentes de un Dios, femenino y masculino, de un Dios presente y actual en la historia que se mueve en nuestras luchas, quien marcha junto a nosotras para liberarnos de esta indiscriminada matanza a la mujer. 

Hablando desde el Dios de Jesús, y desde la práctica inclusiva y reivindicativa de Jesús con la mujer (Lc. 8, 1-3; Jn. 4; Jn. 8), hay que reconocer que la iglesia católica, en concreto en los movimientos laicales y en las parroquias, se da una práctica machista y patriarcal; muchas palabras están cargadas de violencia contra la mujer, de exclusión de espacios de liderazgo, de acciones humillantes, casi seguimos como la edad media, que consideraba que la causante del pecado original fue la mujer, peor aún, que la provocadora es la mujer, que la “diablo” es la mujer. Esta lectura equivocada, misógina y depravada de la escritura sagrada, ha provocado mucho abuso, marginación y violencia contra la mujer.

Además, particularmente en esta fecha también algunos resaltan las destrezas y cualidades que las mujeres tenemos, cualidades que sobre nuestros hombros fueron amplificadas, para no disfrutar de otros aspectos también válidos para la mujer, haciendo de esas cualidades una cruz que nos esclaviza, enjuicia y asesina si salimos de sus moldes. Puesto que, es verdad que podemos ser como un río, suave, ligero y fresco, pero también fuerte, profundo, bravo y caudaloso. 

Aún nos queda mucho camino por recorrer, para comprender que la mujer no es solo un vientre en el que se decide de nuestro futuro, es también con el que se abraza el brillo de la nueva alianza, es un ser humano que busca igualdad, esperanza y libertad. Es cuestión de la mujer libre, que es un signo de los tiempos y un signo de los lugares, ante el cual tenemos que tomar postura dentro y fuera de la iglesia. 

Nos hemos resignificado y reinventado cada día, con más luchas vigentes y claras de los roles que nos han condicionado la libertad, la alegría, la pasión y la dicha.  Por ello, que todas exigimos la libertad inmediata de nuestros territorios, el cese de la violencia en contra de las mujeres por parte del narcotráfico, la militarización, la corrupción y de la iglesia.

Vicky López
JPIC Familia Franciscana – Honduras

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Escrito por Redacción

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