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¡Desentierra tu talento! Por fray Manuel Romero

¿Qué relación tenemos con Dios? ¿Es un padre, una madre, un juez, un médico,  un patrón?

De las respuestas que hoy vemos en el evangelio, se deduce la imagen que cada uno de los empleados de la parábola tiene de Dios.

La vida es el primer don que se nos regala. No es nuestro. Se nos da para gestionarla y transformar el mundo en reino de Dios. Con una libertad grande, eso sí, para aprovecharla o para gastarla. Y cada uno, según su capacidad y su arrojo, pone de sí para contribuir al bien común.

Jesús lo explica con la parábola de los talentos. Compara a Dios con un hombre que se marcha de viaje -sin especificar el tiempo- y da a cada empleado -nosotros- unos talentos. en ella se usan términos bancarios: el talento era una moneda griega con un valor determinado. De ahí que la inversión de los talentos diese como fruto una serie de intereses que debían entregarse al dueño. Jesús escenifica antes sus discípulos dos tipos de actitudes:

– Aparecen dos empleados que, confiados, producen y entregan el fruto de su trabajo. Dios les confía mucho porque no se reservan nada.

– Y un empleado que, desconfiado,  conserva el talento y omite comprometerse. Dios no le confía nada porque ya ha disfrutado lo suficiente.

Todo esto es eficaz si ahora tú te miras y revisas:

¿Te fías de Dios como el Padre de Jesús, como tu Creador, como aquel que te da la vida y ha puesto en ti lo que tienes para bien de tus hermanos? Con esta confianza uno es capaz de producir y colaborar con Él en la transformación del mundo. Si a ti se te ha dado el don de la alegría es para que lo entregues “alegrando” a los que están a tu alrededor. Si se te ha dado la capacidad de servir es para que hagas la vida más llevadera a tu prójimo. Si se te ha dado el don de lenguas es para que establezcas relación con muchas personas y les ayudes a salir de su soledad. Si se te ha regalado el gusto estético es para que muestres la belleza de Dios a los hombres. Y si es el de la gestión, pues reparte a manos llenas lo que Dios te da. Revísate bien porque e éstos, Dios les encomienda mucho porque siempre devuelven el doble.

¿Desconfías de Dios y lo consideras un patrón, un juez que te exige y sólo busca beneficios? Con esa percepción es normal que brote en ti el miedo y te escondas. Que te encierres, y conserves la vida y lo que tienes para que nadie se aproveche de ti. Pero ¡ten cuidado! Es la situación idónea para que critiques a los que tienen -según tu criterio- más suerte y menos méritos que tú. Y piensa que a eso le sigue la amargura de no estar satisfecho; pendiente siempre de lo que te falta. Y, claro se resiente tu vida espiritual cayendo en la “omisión”. Si se te dio el don de la fe y, ¿lo estás compartiendo? Si se te dio el don de la caridad, ¿qué haces por los demás? Si se te dio el don de la esperanza, ¿animas a quién vive a tu lado? Por esta actitud Jesús apostilla: “al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará”.

Y es que la parábola es un fiel reflejo de la vida: predominan los confiados y espléndidos, pero un sólo egoísta es capaz de enturbiar cualquier situación.

Tenemos una sola vida; que es el tiempo de espera mientras regresa el Señor. Si no la entregas, se te va a pasar sin pena ni gloria. ¡No permitas que te quiten la vida! Entrégala tú, como hizo Cristo.

Hoy se celebra el día de la Iglesia diocesana. Día en el que recordamos que la comunidad cristiana se construye desde la gratuidad y la responsabilidad de cada uno en bien de la comunidad. Esto nos lleva a considerar que tenemos la parroquia que nos merecemos y la Iglesia a la que contribuimos.

Por eso, mientras respondes a la pregunta inicial de quién es Dios para ti, piensa qué dones vas a poner hoy al servicio de tus hermanos.

Fray Manuel Romero, tor

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