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Del servicio de Tesorería al Banco de Pobres

Cada obediencia franciscana-menor, capuchina,

conventual proyecta una especial luz sobre el

carisma franciscano. Esta reflexión ha sido

iluminada por veinte años de presencia conventual en la OFS de Argentina

arbol-de-dinero

Origen de los servicios: La conducción de cualquier grupo humano, comenzando por la familia necesita de la ejecución de ciertas tareas para que pueda cumplir con su finalidad. En el caso de los grupos de Iglesia podríamos tomar a Jesús con los doce como ejemplo. Había un animador –Jesús-que con autoridad (humana y divina) llevaba adelante la misión del grupo. Animaba ciertas tareas que contaban con la colaboración de sus seguidores, los apóstoles. No fueron ajenas a esta primera fraternidad eclesial las necesidades materiales mínimas que se cubrían con el aporte, entre otros, de mujeres piadosas. Judas era el tesorero. (Juan, Capitulo 12)

Pablo comienza con las colectas para las iglesias necesitadas, siendo la primera beneficiada la de Jerusalén.

Nuestra regla tiene en cuenta esta realidad en el artículo 25 que expresa:”Todos los hermanos y hermanas ofrezcan una contribución en proporción a las posibilidades de cada uno, para sufragar los gastos necesarios de la vida de la Fraternidad, o para obras de culto, de apostolado y de caridad. Las fraternidades locales procuren contribuir al pago de los gastos del Consejo de la Fraternidad de nivel superior”.

Origen de los aportes. En general, son los hermanos los que con su aporte al fondo común sostienen los gastos que demanda el funcionamiento de la fraternidad local, y solidariamente los niveles regionales, nacionales e internacionales. A veces se realizan actividades para mejorar la recaudación.

 

Destino de los aportes: ¿Qué se “financia” y “qué se debería financiar”?

 

Con el fondo común y considerándolo como patrimonio de toda la fraternidad cuyos dueños son los hermanos aportantes se sostienen las siguientes actividades:

 

a) El aporte anual al Consejo Regional, y Nacional

b) Mínimos gastos de papelería que se originan en la realización de las reuniones

c) El traslado de hermanos mayores por medio de vehículos de alquiler facilitándoles la asistencia cuando no pueden solventarla de sus recursos. Aquí se privilegia la participación del hermano que consituye la riqueza de la fraternidad

d) la participación en capítulos nacionales, internacionales, cursos de formación, etc.

e) cualquier empresa generada por la “imaginación de la caridad”

 

Cuando el hermano con toda sinceridad manifiesta tener dificultades y los hermanos con toda caridad se adelantan a ofrecer el aporte del fondo común estamos en presencia de gestos que edifican la fraternidad y evangelizan por sí mismos.

 

Por otra parte debe haber una conciencia muy clara de que con el aporte se promueve la igualdad de los hermanos… Triste realidad aquella en que solamente pueden ser enviados a representaciones internacionales o provinciales,ó encuentros aquellos que disponen del dinero necesario para hacerlo… Esta situación crea una brecha de desigualdad en el mismo seno de la orden. Distinta es el caso de aquel hermano que aparta de sus recursos algo para no ser oneroso al fondo común.

 

La Iglesia y el mundo no hubieran disfrutado de un JuanXXIII de no haber sido por la solidaridad eclesial. Angelo Roncalli experimentó la ayuda providencial toda su vida expresada, por ejemplo, por el párroco de su aldea natal y que continuó ininterrumpidamente a través de otros benefactores, hasta su ordenación. Después compartió su pobreza con todos los que se le acercaron, convirtiéndose a su vez en providencia de los demás.

¿Qué se debería financiar además?

Cada hermano debería asumir un compromiso misionero, dentro de sus posibilidades. Allí también debería estar el aporte generoso del fondo común para explicitar desde el gesto concreto que el hermano no actúa solo, sino como parte de una misión compartida. Si bien la puede asumir individualmente por razones de vocación, de operatividad, de vecindad, es toda la fraternidad que acompaña con la oración y con el apoyo económico su tarea.

Además la fraternidad que está inserta en una parroquia franciscana o no debe derivar también la colaboración del fondo común para su sostenimiento ordinario (liturgia, luz, aportes para refacciones edilicias o mobiliario, Caritas)

¿Se puede financiar algo más?

Esta reflexión está indudablemente influenciada por una experiencia de varias décadas de asistencia de los frailes menores conventuales. Si bien no refleje la realidad de toda la orden, siento que expresa los sentimientos y las enseñanzas de Jesús de Nazaret, actualizada por tantos hombres y mujeres a los que llamamos santos.

Nuestra regla (Artículo 15) nos habla de estar “presentes con iniciativas eficaces, tanto individuales como comunitarias, en la promoción de la justicia, particularmente en el ámbito de la vida pública, empeñándose en opciones concretas y coherentes con su fe”. …. Y nuestra inserción en la realidad nos muestra que deberíamos tener una capilaridad tal en la sociedad en que vivimos que ninguna necesidad que se nos presentara para solucionar la brecha ignominiosa entre ricos y pobres, nos debería ser ajena. Y no estoy refiriéndome al asistencialismo que deshumaniza aún más, sino a la colaboración desinteresada y generosa con todas aquellas personas e instituciones que hacen mas digna la vida de tantos hombres y mujeres a los cuales se les ha robado la esperanza. Y en quienes nos hemos reconocido como hermanos.

Siempre habrá pobres, incluso en los países donde los índices de opulencia son maravillosos. 

Toda la pobreza y todo el desamparo nos incumben.

  • No está dentro de nuestras posibilidades financiar un barrio de viviendas, pero si comprar las chapas para arreglar una vivienda destartalada
  • No podemos hacernos cargo de sostener un asilo de ancianos, pero si podemos financiar los pañales que una hermana ministro de la Eucaristía denuncia que hacen falta en el geriátrico que visita
  • No vamos a cambiar (por ahora) el contenido de los medios de comunicación masiva, pero podemos sostener un programa de radio que publicita avisos de trabajo y difunde buenas noticias
  • No podemos generar empleo pero si colaborar haciendo un aporte de capital con los micro créditos que ofrece Caritas para regenerar la cultura del trabajo.
  • No abriremos un centro de atención de adictos pero podemos ayudar a sostenerlo comprando elementos de limpieza.

Otro ámbito posible de financiación son los cursos académicos o informales con los que promover los talentos que poseen los hermanos. Enviarlos a recibir formación en música litúrgica, o ecología, o computación son formas de promoción de los carismas que redundan en beneficio del hermano, de la fraternidad y de la tarea evangelizadora.

La fraternidad, lugar de encuentro y participación: Todo esto que suena muy idealista, de alguna manera se viene realizando en algunas fraternidades. Y tiene algunas notas evangélicas que deberíamos rescatar.

En primer término la evangelización del dinero. ¿Puede el dinero ser evangelizado? Jesús, Camino, Verdad y Vida ilumina nuestro compromiso:

  • debemos acumular tesoros en el Cielo donde no se apolillan ni pudren, de ahí la generosidad
  • los “lázaros” de nuestra época siguen clamando por algo más que las migajas debajo de la mesa
  • no todos podemos hacer todo sino pero haciendo “un poco” la fraternidad, “signo visible de la Iglesia” se convierte también en anticipo del Reino de “amor, verdad, justicia, libertad y paz para que muchos encuentren un motivo para seguir esperando” .

Por otra parte este uso evangélico del dinero nos sirve para promover la participación, el diálogo, la escucha. Por más que el fin-el de usar evangélicamente el fondo común- sea bueno nunca estará por encima de los medios que son la participación activa y lúcida de los hermanos. Los consejos que administran el fondo común “que es de los hermanos” deben rendir siempre cuentas de su utilización y no sentirse ofendidos si alguien pide explicaciones. Y si los hermanos opinan en forma diversa, utilizar la discrepancia para reflexionar sin estigmatizarlos.

Los balances trieniales Al cabo de un servicio, de generalmente tres años, se impone la realización de una memoria y balance. Este último debería reflejar con claridad en qué se invirtió el “fondo común”.

Si todo ha sido derivado al sostenimiento de la orden, podríamos sacar la conclusión de que “poco o nada hemos hecho”. En cambio si se ha destinado un porcentaje abultado en el sostenimiento de la evangelización, entonces habremos cumplido con creces con el espíritu de la Regla.

Dicen que los grupos de Alcoholicos Anónimos tienen como política gastar todo el fondo a fin de año para quedar en 0 y comenzar nuevamente las colectas entre sus miembros el año siguiente… Lindo ejemplo por imitar. ¿Quién se animará?

María Cecilia Jaurrieta ofs

 

 

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Escrito por Cecilia Jaurrieta

Maria Cecilia Jaurrieta esta casada y tiene cinco hijos y seis nietos. Profesó en al Orden Franciscana Seglar en 1986.
Es bioquímica y ha colaborado con distintos medios graficos y radiales franciscanos como NUEVA POMPEYA y EL MENSAJERO DE SAN ANTONIO. Ha publicado varios trabajos relacionados con la religiosidad popular en la Editorial San Pablo. Ha recibido capacitación en mediación comunitaria con la cual ha enriquecido los talleres de educación para la paz que anima desde 1998.

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