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Del escándalo de Charamsa a la humildad de Francisco.

Una Iglesia que emana humildad en su líder

Hablar del Papa Francisco es detenerse por un instante e imaginarse cómo es la paciencia humana, ver a un sacerdote que caminaba por las calles de Buenos Aires que, por elección de Cardenales y por mediación del Espíritu Santo ha sido y es el Papa de todos. Sonriente, cálido, aquél que hace detener su coche para saludar y dar la bendición a quiénes se aglutinan en las calles para gritarle ¡Dios lo bendiga Santo Padre!

Hablar del Papa Francisco es cerrar los ojos y traer al presente a Francisco de Asís… un Santo elevado al altar por su dedicación a los pobres, a los más necesitados y por la lucha por la paz…

Desde aquél ¡Habemus Papam! del 2013 donde Jorge Mario Bergoglio, entre la fumata blanca, las lágrimas de millones de católicos y el canto de los ángeles en el cielo, la Iglesia marcó un nuevo rumbo… Un mundo perceptible con la inclusión de todos, el perdón y la capacidad de ser altruistas; de ayudar y amar… sin esperar nada a cambio.

Es verdad, no todo es color de rosas, ni en las mejores y más elegantes familias y mucho menos en las Instituciones.

La Iglesia Católica tiene como cabeza máxima a un hombre que pide perdón por actos injustificables, que comparte y dialóga con aquellos que piensan diferentes pero que son capaces de llegar a una conclusión para el bien común; en esto se basa el liderazgo y el amor por el servicio.

Quiero detenerme aquí, justamente en el entendimiento, en el amor al próximo y en una Iglesia que busca, a través de sus mensajes, entablar la armonía y que, pese a que existen las diferencias ideológicas; en la humanidad -más allá de las religiones- tiene que existir el respeto mutuo y la sonrisa aceptable porque al final; somos todos del mismo Padre.

Este proyecto ha dado comienzo con la llegada de Francisco, todos los católicos comenzamos a respirar un aire renovado y lleno de proyección… es verdad, todo cambio comienza en casa.

000317372W-e1444045528489-310x165Ahora bien, no es justo, no me parece apropiado y aún más, hasta inaceptable que, aprovechando la coyuntura del Sínodo sobre la Familia que se celebra en la Ciudad del Vaticano en estos días, Monseñor Krzysztof Charamsa ha manifestado a los medios de comunicación su condición sexual… Claro es que ha sido noticia en todos los medios internacionales.

Mi pregunta es: ¿Qué necesidad había de exponer su intimidad a los medios de comunicación? Sus declaraciones han sido: «Quiero que la Iglesia y mi comunidad sepan quién soy: un sacerdote homosexual, feliz y orgulloso de su propia identidad».

En primer lugar la felicidad no se ajusta al mero hecho de gritar y llegar al escándalo de una opción y que sea publicada y ventilada… de más está decir que todo aquello que escapa lo “normal” es noticia.

La simplicidad y un caminar por su felicidad para este experto en teología creo que hubiese sido quitarse su clériman, exponer en sus más íntimos su decisión y apartarse del mundo que “supuestamente” le provocaba efectos chocantes entre su manera de ver la vida y su forma de predicar el Evangelio… Si está feliz y orgulloso de su condición debería ser coherente con aquello que la Iglesia predica y dar un paso al contado.

No es mi intensión entrar en el debate de lo aceptado y lo moralmente correcto, pero sí en las formas que tenemos de expresar un sentimiento y confundir un término con un valor.

Soy de los que piensan que aquello que nos hace feliz, lo que verdaderamente nos importa es alimento para el alma… y es una especie de orgullo personal que a veces, el hecho de manifestarlo (porque hay necesidad que el resto sepa lo que siento y lo que quiero) nos proporciona una satisfacción que se esfuma en el presente… esto no es felicidad tan sólo emoción caprichosa.

Lo más probable y, seguro no me equivoco, es que el mismo Papa, tan allegado a la Congregación para la Doctrina de la Fe de donde provenía Monseñor Krzysztof Charamsa, le hubiese mirado a los ojos y con la humildad y la empatía que le caracteriza y su respuesta habría sido: busca tu máxima felicidad, tan sólo encuéntrala.

Vocación es aquello que uno, en completa libertad acepta, se aferra y quiere para su vida. Se vislumbra en el futuro y proyecta sus capacidades y habilidades.

Si un médico no está capacitado para operar porque cree que teme por la vida de su paciente, pide consejos, ayuda o, se retira.

Si un abogado no quiere defender a un presunto homicida porque entiende que sus principios no se lo permiten dice que no; y listo.

Si un sacerdote o religioso, en su camino de formación y estudios teológicos, o aquellos que viven en comunidades religiosas donde la convivencia es uno de los factores a destacar, comienza a observar que en sus pasos no es lo que anhelaba es tan simple como renunciar a ello… retirarse y dar gracias a Dios por haber cerrado una etapa y así, iniciar un nuevo andar…

No hay nada más hipócrita que autoengañarse y no hay nada más destructivo para una comunidad que el aferrarse y esconderse de lo que realmente somos… al final, el futuro y la vejez nos pasa factura.

Creo que seguimos por buen camino… Continuamos construyendo una Iglesia que no hace distinción sino que invita a entrar y permanecer…

Creo que es momento de recapacitar internamente para no generar malos entendidos externamente ni aprovecharse de momentos importantes para la Iglesia y generar “personajes” que alimentan a los medios de comunicación…

El mensaje del Papa Francisco sigue siendo el mismo que aquél sacerdote porteño que hoy nos guía y conduce para ser Iglesia de todos: atrévanse a ser felices…

 

Omar Leonard

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Escrito por Omar Leonard

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