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De santos y difuntos… por Manuel Romero, tor

vida-o-muerte-272x300“Bienaventurados los pobres en el espíritu porque de ellos es el Reino de los cielos”.
Pobres, lo que se dice pobres de medios, no lo somos. Hijos, con todo su contenido divino, tampoco. Y, ¿santos como cree la gente de la calle? Pues menos. Y, sin embargo, en estos días de noviembre se nos llama hijos, santos y bienaventurados si somos pobres. No sé a vosotros, pero a mí me cuesta ser pobre y más vivirlo como situación de buena ventura. Y hablo de la pobreza de esa que exige amar la limitación, la fragilidad, las dificultades, las taras y los dolores… y al que vive conmigo.
Jesús hizo saber a la gente que se le acercaba que cualquier situación, vivida con humildad y confianza, se convierte en condición de posibilidad para ser feliz. En el lugar adecuado para amar al hermano. En el momento preciso para hacer lo que Dios quiere. Quien así lo comprende -y yo todavía ando en proceso- es santo e hijo.
En nuestra vida religiosa ¿vivimos la carencia, la limitación y el pecado como bienaventuranza?

“Si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano”. 
Eso le recrimina Marta a Jesús por la muerte de su hermano. Pero, ¡claro! si no hubiera nacido no habría muerto.
Esta misma sospecha atesoramos en el corazón los religiosos. Si Jesús estuviera en nuestras comunidades no moriríamos de desesperación, de tristeza, de aburrimiento… Pero Él está. No se nota porque parece que ya estamos muertos -por los silencios- y porque pensamos que hemos de vivir eternamente.
El Señor que nos llamó, nos recuerda que a Él nadie le quitó la vida sino que la entregó. Y si nosotros le hemos seguido y hemos hecho “profesión” de entregar la vida, ¿por qué tantas quejas de muerte? ¡Que si nos quitan la clase de religión! ¡Que si da miedo un partido político emergente! ¡Que si fuéramos más y más mocetones! Exclamaciones y quejas de muertos en vida que provocan más lástima que atracción.
“Yo soy la resurrección y la vida. ¿Crees esto?”. Y tú, y yo ¿creemos esto? Si Cristo muere y resucita significa que la muerte no tiene poder sobre nosotros. ¿Por qué entonces tanto miedo? Dejemos que la muerte venga cuando le toque porque será sólo un paso para la otra vida. Pero no la anticipemos nosotros. Si hubieras, si hubieras….

Via LCDLP

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Escrito por Redacción

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