De centro franciscano de retiros a centro de acogida de inmigrantes.

Fray Tom y la sra. Rivera

Fue una típica fiesta de cumpleaños número 15 para Stephen Taborda. Con cosas típicas de estas celebraciones: celebró con familiares y amigos, comió pizza y pastel y abrió regalos. Pero la madre de Stephen no estaba allí. Ella fue deportada en junio.

 

El padre de Stephen, Jorge Taborda, llegó a los Estados Unidos desde Colombia hace 19 años. Eso fue antes de que Stephen naciera. El Sr. Taborda, profesor de español, fue, además, un importante activista pro derechos humanos en su país natal, pero, a medida que los conflictos entre el gobierno colombiano y los grupos guerrilleros acosaban a la nación, Taborda comenzó a recibir amenazas de muerte.

 

“Le dije a mi esposa que teníamos que irnos”, dijo en una entrevista al portal America. Él y su esposa llegaron a los Estados Unidos con su hijo primogénito, Jefferson, con permiso temporal para trabajar.

 

Solicitaron asilo, pero finalmente les fue negado. A pesar de ello, Jefferson, se graduó en la New Mexico State University. Stephen nació en los Estados Unidos y es ciudadano americano.

 

El Sr. Taborda, su esposa, Francisca y su hijo mayor vivieron con órdenes de deportación durante años. No temían la deportación porque no eran criminales violentos y la administración de Obama tenía una política rígida solo contra los culpables de crímenes graves. Pero la administración de Trump cambió esa política y persigue a todos los inmigrantes indocumentados, da igual su historia y situación laboral, para deportarlos.

 

En mayo, la familia del Sr. Taborda vivió las consecuencias de ese cambio.

 

“Todo se vino abajo”, dice Taborda entre lágrimas. Los oficiales de Inmigración y Aduanas detuvieron a su hijo Jefferson y a su mujer, Francisca. Jeff finalmente fue liberado, debido a su estatus “DACA”. Pero después de un mes de detención, Francisca fue deportada a Colombia.

“Le dije: ‘Mira, hijo, puede que no te vuelva a ver después de esto’”.

Francisca llamó a su esposo para contarle que la habían detenido poco antes de dejar a Stephen en la escuela. Jorge intento explicar a su hijo pequeño lo que les estaba sucediendo. “Le dije: ‘Mira, hijo, puede que no te vuelva a ver después de esto’”.

Jorge Taborda

Jorge Taborda huyó a Nuestra Señora de la Salud, en Las Cruces, Nuevo México confiado en que los ángeles lo protegerían de la policía durante el viaje. Desde entonces, él y Stephen, que sufre una afección congénita de espalda, viven en el Centro de Retiros Holy Cross en Las Cruces.

 

“Preferimos llamarlo ‘hospitalidad franciscana'”, dice fray Tom Smith, OFMConv., sobre la política del centro de dar la bienvenida a los inmigrantes indocumentados.

“Para mí, esta es la respuesta del Evangelio”. Fray Tom Smith, OFMConv

Llamarlo “santuario” sería engañoso, afirma, porque si los oficiales de ICE (policía de migraciones) aparecen en el centro con órdenes judiciales, no hay nada que el sacerdote pueda hacer para impedir que entren.

 

“El Evangelio me pide que cuide a quien lo necesita. No hay opciones para ellos”, nos dice fray Tom y afirma: “Para mí, esta es la respuesta del Evangelio”.

 

La Casa de Retiros ha cambiado incluso su declaración pública de misión para llamarse a sí mismo un “centro de hospitalidad“. Además de acoger actualmente a dos inmigrantes indocumentados, el centro también acoge a solicitantes de asilo, refugiados y enfermos.

 

“Este es nuestro papel. No podemos dedicarnos solo a dar retiros”, dice el padre Smith, director del centro de retiros. “Estamos orgullosos de ser católicos y orgullosos de hacer esto”.

 

En su mayor parte, la comunidad ha acogido con satisfacción la iniciativa de los franciscanos. Esta decisión “ayudó a humanizar el tema de la inmigración. No es solo, “rezaré por ti”. Tenemos que hacer algo, implicarnos personalmente por ellos. De esa forma se convierte en un problema humano, no político. Es un llamado a responder a los migrantes como personas, no como ‘esos ilegales’ “.

 

Sin embargo, si inmigrantes indocumentados, culpables de crímenes violentos, llegaran al centro, el Padre Smith asume que tendría que rechazarlos. “Es un problema de seguridad. Ese no es el tipo de hospitalidad que estamos ofreciendo aquí”.

 

La Arquidiócesis de Los Ángeles tiene experiencia en las complejidades derivadas de ofrecer refugio a los inmigrantes indocumentados. En la década de 1980, algunas parroquias ofrecieron refugio a los salvadoreños que huían de la guerra civil en su país.

 

“El problema con el uso del término ‘santuario’ es que proporciona una falsa sensación de seguridad a las personas”, dice Isaac Cuevas, director adjunto de asuntos de inmigración de la arquidiócesis. Los líderes de la iglesia pueden ser arrestados si se interponen en el camino de una orden judicial.

 

La arquidiócesis está realizando talleres, y ofrece asesoría legal a través de ONGs católicas para identificar las vías legales disponibles para los inmigrantes indocumentados. Las parroquias también están presionando a los medios de comunicación para que informen sobre las desgarradoras historias familiares que se están dando.

Holy Cross Retreat Center en Las Cruces

Cuando los inmigrantes indocumentados conocen sus derechos, están en mejores condiciones para navegar por enredos legales, según el Sr. Cuevas. Las familias también deberían tener planes, como la familia del Sr. Taborda, en caso de que ocurra algo impensable. Designaron una familia para cuidar a su hijo menor y establecieron poderes.

 

“Conocer las historias de estas familias demuestra cuán compleja es la situación“, nos dice Andrew Rivas, director de relaciones gubernamentales y comunitarias de la Arquidiócesis de Los Ángeles. “Necesitamos una reforma integral para terminar con la separación de estas familias”.

 

Lorena Rivera, vive en el Centro de Retiros Holy Cross, con su hija, desde octubre, lo hace para evitar ser separada de sus dos hijas. La mayor, de 22 años, es beneficiaria del programa DACA y la pequeña, de 9 años, es ciudadana de los EE. UU.

 

Tanto la Sra. Rivera como el Sr. Taborda se pasan el día ayudando en el centro de retiros. Ayudan a cocinar para grupos de retiro y ayudan con la limpieza.

 

“Soy una persona de fe. Sé que Dios nos ayudará”, dijo Rivera. “Mis hijas tienen el sueño de estudiar y trabajar aquí. Creo que Dios hará que eso suceda “.

 

Fray Tom y la sra. Rivera

 

Con información de American Magazine

 

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