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Damas valientes, que no piden nada a cambio

¿Conoces algún convento de monjas? Acércate a ellas, dales un saludo, hazte solidario con ellas. Y si puedes colabora comprando alguno de sus productos o con algún donativo. La Iglesia y todos necesitamos de este testimonio y de su gran misión.

Hemos hablado mucho de la pandemia, hemos tratado de reflexionar en ella y hemos buscado nuevas luces para la humanidad a raíz de esta situación. Dentro de esta situación la Iglesia ha sido creativa y entusiasta para transitar el continente digital y seguir compartiendo el mensaje salvífico. La pandemia nos ha recordado cuál es la verdadera misión de la Iglesia y ha puesto a trabajar a muchos por ser fieles a esta causa.

Sin embargo, ante la situación de confinamiento, uno de los agentes eclesiales que ha tenido que fortalecer su misión es la vida monástica. El deseo de guardar el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, viviendo en obediencia, sin propio y en castidad (RCl I, 2) ha quedado probado y fortalecido en este difícil tiempo.

Conventos de monjas que han tenido que sobre llevar este tiempo con la providencia del Señor y la buena voluntad de sus amigos y familiares. La vida monástica, siempre tan caracterizada por su austeridad y pobreza, se ha enfrentado a la falta de recursos para pagar los gastos fijos. La santa pobreza se ha convertido en el yugo de un sistema económico que las ha convertido en empobrecidas.

Si la pandemia nos ha pegado a todos, a la vida monástica la ha dejado tambaleando económicamente, sin embargo, han aprendido a bailar con la esperanza que nos da el Señor para salir adelante y ser fieles a la misión que han recibido.

Basta mirarles un poco, mujeres consagradas a adorar al Señor en la sencillez de una vida; fieles a su clausura, que por minoridad y por no velar la intimidad del monasterio no buscan los reflectores de las redes sociales; damas valientes que, sin pedir nada a cambio, saben cargar el dolor de este mundo enfermo… en fin, monjas que nos enseñan que estar con el Señor vale la pena. ¡Gracias por su bello testimonio!

Texto original: Fr. Néstor Wer, OFMCap

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Escrito por Redacción

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