León XIII y la Tercera Orden

El papa León XIII tenía una gran devoción a Francisco de Asís. Él mismo fue miembro de la Tercera Orden Secular[1], y en 1875 fue nombrado por el papa Pío IX cardenal protector de dicha Tercera Orden. Tanto como obispo como papa colaboró y ayudó mucho a que los seglares franciscanos tuvieran pujanza en la sociedad y en la Iglesia.

León XIII estaba convencido que la Orden Tercera iba a traer una reforma de la vida cristiana. Con ocasión del VII Centenario de la muerte de san Francisco, el 17 de setiembre de 1882, fiesta de la Impresión de las Llagas al santo, fue publicada la encíclica Auspicato concessum[2]; en la que el papa enumeraba algunos de los males de la sociedad de entonces y ponía a Francisco como modelo para superar tales deficiencias[3].

León XIII pensaba que los males de la sociedad se solucionarían con una vuelta a la sociedad cristiana; para ello recurrió a todos los colectivos eclesiales, pero con especial fuerza a la Tercera Orden de san Francisco, porque según él, los terciarios, por su propia naturaleza, eran llamados a vivir el evangelio dentro del mundo, impregnando de Dios todas las actividades.

Cualquier ocasión era buena para hablar de la Tercera Orden. En la Humanum genus (20-IV-1884)[4], mostraba como medio eficaz contra la masonería a la Tercera Orden, «que predica la libertad de los hijos de Dios, la fraternidad, y la igualdad fundada en la justicia y la caridad»[5].

 

En la Quod auctoritate (22-XII-1885) [6], que anunciaba el Jubileo extraordinario de 1886, el papa recordó a los obispos que cada cual en su diócesis, debía cuidar y ampliar la Orden Tercera de los hermanos franciscanos que se llamaban seglares[7].

En este afán de reforma cristiana de la sociedad y de apoyo a la Tercera Orden, el papa León XIII publicó la constitución Misericors Dei Filius, el 30 de mayo de 1883, que incluía la nueva Regla de la Tercera Orden[8]. En el esfuerzo de hacer más asequible la TOF a la gente, la Regla aparecía más recortada y suavizada. En el prólogo de la misma regla se mencionaba la conveniencia de suavizar la Regla[9].


     [1] Fue en mayo de 1872 cuando recibió el hábito de la Tercera Orden, en el convento franciscano de Monteripido.

     [2] Las referencias a las encíclicas de León XIII están tomadas de M. DE CASTRO, Colección de Encíclicas de su santidad León XIII,2 vols, Valladolid 1903. En adelante citaré dichas encíclicas con el nombre de la misma y la página correspondiente del libro referido.

El papa dice de los Terciarios: «Sus reglas en efecto son:obedecer a los mandamientos de Dios y de la Iglesia; abstenerse de pasiones y de luchas; no desaprovechar cuanto cede en beneficio del prójimo; no tomar las armas sino para defensa de la religión y de la patria; ser moderado en el comer y en el vivir; evitar el lujo y abstenerse de las peligrosas seducciones del baile y del teatro», Cf., Auspicato concessum, 185-186.

     [3] Los males serían: «La búsqueda ávida del bienestar y el placer; la disminución de la caridad para con los pobres; aprueban la violencia y la sedición en el pueblo; ponen en duda la propiedad; adulan las concupiscencias de los proletarios; quebrantan los fundamentos del orden civil y doméstico» Cf., Auspicato concessum, 187.

     [4] Cf.,  Humanum genus, 242-260.

     [5] Cf., Ibid., 258.

     [6] Cf., Quod auctoritate, 324-330.

     [7] Cf., Ibid., 326.

     [8] LEÓN XIII, Misericors dei filius, en EUGENIO DE OISY, Manual de la Orden Tercera de san Francisco de Asís. Constitución «Misericors Dei Filius». Explicación de la regla. Ceremonial. Catálogo de las indulgencias. Preces franciscanas, Barcelona 1927, 14-18.

En adelante, cuando cite la Regla de León XIII para la Orden Tercera, aparecerá LEON XIII, Regla, y el capítulo correspondiente.

     [9] «… juzgamos ser de nuestra obligación el tener en debida cuenta la naturaleza de los tiempos y considerar todas las circunstancias para que nadie se arredre por la dificultad de practicar las más útiles virtudes. Hemos venido, pues, actualmente en mirar desde tal punto de vista la Asociación llamada Orden Tercera Secular de san Francisco, y en examinar con diligencia si era conveniente suavizar un poco su Regla en atención a la mudanza de los tiempos».

«Para más estimular, pues, a los que siguen este camino, Nos hemos resuelto examinar qué era lo que pudiese estorbar o retrasar algo esta saludable marcha de las almas. Y lo que hemos observado es que la Regla de la Orden Tercera que aprobó y confirmó nuestro predecesor Nicolás IV con la Constitución Apostólica Supra Montem, de 18 de agosto de 1289, no correspondía bastante a los tiempos y costumbres actuales».

«Cumplido el encargo que se les impuso, pareció a los Cardenales que convenía, mudando algún tanto ciertos capítulos, suavizar la Regla antigua y acomodarla al actual modo de vivir», Cf., LEON XIII, Regla, 10-13.