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Cuaresma Franciscana en Mexico

Via MSA

La Cuaresma es ese tiempo de preparación fuerte, que nos prepara a vivir la Pascua. En México, el ciclo cuaresmal coincide con la historia de muchas celebraciones indígenas de gran importancia.

por Novicios de la Custodia de México

Celebrar es realizar actos definidos para traer a la memoria un acontecimiento. En algunos países como México, cada 20 de noviembre hay fiesta con motivo del aniversario de su revolución; el 11 de septiembre de cada año en Estados Unidos de Norteamérica, se realizan actos conmemorativos por las víctimas de los ataques del World Trade Center. Aunque los acontecimientos mencionados pueden ser de alegría o nostalgia, respectivamente, permanecen en la mente de los involucrados, ya que este acontecimiento cambió sus vidas, por lo cual es de gran trascendencia.
Lo mismo aconteció en el pasado (Ester 9, 21-27), los israelitas celebraban la Pascua, con la que recordaban su milagrosa liberación de la esclavitud de Egipto.
Por tanto, todo hecho importante digno de celebración, prepara a los involucrados para su conmemoración. La Cuaresma es ese tiempo de preparación fuerte, que nos prepara a vivir un tiempo aun más fuerte: la Pascua.
A través de la Cuaresma, cada año la Iglesia Católica tiene la gran oportunidad de retornar a los brazos del Padre para conocer y vivir la pasión, muerte y resurrección de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

LA CUARESMA LITÚRGICA
La palabra cuaresma proviene del vocablo latino ‘quadragesĭma’, que es el marco de jornadas específicas del calendario litúrgico, destinado para que la Iglesia se prepare para la gran fiesta de la Pascua.
Iconográficamente, este período se desarrolla en base a referencias bíblicas que sobresaltan hechos históricos de la salvación, como los cuarenta días que duró el diluvio; la marcha de cuarenta años por el desierto del pueblo elegido por Dios, o los cuarenta días que Jesús pasó en el desierto.
A finales del siglo VII se fijaron en la Iglesia Católica los elementos que nos ayudan a dejar atrás esos lastres que no nos permiten un crecimiento ideal del camino que lleva a la perfección. A imitación de Jesús, la Iglesia durante cuarenta días ingresa al desierto de las comodidades y banalidades, para que, como el Maestro, preparemos nuestro cuerpo y espíritu con penitencias, ayunos y mortificaciones, que serán los módulos que nos llevarán al encuentro con Jesús que peregrina en soledad, para fortalecer la comunión con el Padre.
Siendo la Cuaresma uno de los cuatro tiempos fuertes del año litúrgico, intervienen muchos elementos que reflejan la intensidad de este período que busca enfatizar el sentido espiritual de estos días. Algunos de esos componentes son las lecturas bíblicas que son completamente distintas a los días del tiempo ordinario. Éstas se dividirán en dos bloques: a uno lo llamaremos la ‘cuaresma dominical’, y al otro, ‘cuaresma ferial’. De igual forma, los cantos son muy disímiles a los habituales, aquí también forma parte importante la ambientación, que sobresaltará la sobriedad de este ciclo.
Durante estas jornadas estará nuestra mirada fija en la Pascua de Cristo, caminando antes por su cruz y su muerte, celebrando todo a través de la penitencia personal, guardando las normas litúrgicas vigentes que se nos invitan a observar.
El ayuno y la abstinencia de carne son algunos de esos puntos. La Iglesia nos estimula a guardarlos con especial cuidado el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. Debido a la situación económica inclinada a la pobreza que vive nuestra Latinoamérica, se nos incita a vivir más adecuadamente nuestra abstinencia y ayuno, realizando obras de caridad y piedad.
San Francisco de Asís, que no confió nunca en sí mismo y todo lo prevenía con la santa oración, nos invita a salir de nosotros mismos, para que nos entreguemos con amor enfático a la oración, formando parte activa de nuestra vida cristiana, siguiendo el camino que nos propone nuestra amada Iglesia.

CUARESMA MEXICANA
En México, el ciclo cuaresmal coincide con la historia de muchas celebraciones indígenas de gran importancia, una de ellas fue la de Tlacaxipehualiztli, o mejor conocida como ‘desolladuras de hombres’, fiesta que se dedica al dios azteca Xipe Tótec. Los mexicas la celebraban en los primeros días del mes de marzo, y se la dedicaban a Tlaloc, dios de la lluvia, se realizaban ofrendas y otorgaban flores a la diosa Coatlicue. Con la piel de los animales, ofrendas y flores, danzaban en dirección al lugar donde realizaban el final de la fiesta, comúnmente una cueva o lo alto de un monte, y allí solicitaban a sus dioses la bendición del agua, para la fertilidad en este nuevo tiempo agrícola.
Actualmente, en las zonas populares del país, particularmente en el centro de México, la colectividad festeja la imagen de Cristo crucificado el quinto viernes de este tiempo litúrgico, imagen que consideran milagrosa. En Totolapan Morelos, municipio sede de la casa del noviciado de la custodia de frailes menores conventuales en México, se festeja al Cristo aparecido. Los peregrinos asisten de manera fervorosa a visitar la imagen del Cristo, para cumplir un mandado o solicitar un favor, en tanto forman una fila del lado izquierdo del altar, donde los mayordomos pasan a entregarles un ramo de flores, el que usan para tocar el cuerpo del Cristo. Las flores, que están bendecidas, se las llevan a su casa y las guardan. Fuera del templo bailan los concheros, además de otros detalles que hacen de esta celebración de peculiar historia una festividad de renombre en la región.
En todo el país se da inicio a este tiempo litúrgico con el Miércoles de Ceniza, rito en el cual los fieles acuden a los templos para participar de la celebración eucarística y recibir la cruz de ceniza en la frente, donde se nos invita con la jaculatoria “Arrepiéntete y cree en el Evangelio” a retornar a los brazos del Padre. La ceniza se obtiene de la quema de las palmas del Domingo de Ramos del año anterior.
La devoción popular es muy fuerte en diversos días durante la Cuaresma. En el estado de Sonora, dentro del desarrollo de esta celebración se destacan los viernes de cada semana, sumando una cantidad de siete, en los cuales se realizan ‘Contis’ (procesión a pie cargando a los santos alrededor de la Iglesia, en la que se distribuyen 13 cruces de rama de álamo y representan las estaciones del vía crucis).
Este fervor público se extiende en todo el país, donde las calles se ven impregnadas de mujeres que caminan con la cabellera tapada y con cirios en sus manos; se percibe el aroma de los inciensos, los sonidos de los cantos piadosos y la fe del pueblo que camina en busca de su resurrección.
Al arranque de la semana santa, se viven jornadas únicas y especiales, todas encaminadas a representar de una manera más viva y fiel la pasión y muerte de Jesús. El vía crucis es ese medio por el cual el pueblo participa con fulgor de este tiempo. Esta actividad busca escenificar la pasión de Nuestro Señor Jesucristo: por las calle vemos pasar a centuriones romanos, a Magdalena, a los apóstoles y al mismo Jesús, actividad que permite a la comunidad vivir cada una de las escenas trascendentales del triduo pascual, y con esta actividad vivir religiosamente el camino con Jesús al calvario.
Terminado el vía crucis, todo el pueblo hace la procesión del Santo Entierro. En ella los fieles se visten de luto y acompañan solemnemente la imagen de Cristo bajado de la cruz para dirigirlo a una capilla destinada como sepulcro, lugar donde se le dará con amor el pésame a la Santísima Virgen. Un poco más tarde, en la noche, se hace una procesión que se denomina la procesión del silencio, donde el sonido del tambor marca el paso de los penitentes, que a la vez se someten a flagelos, para cumplir sus promesas hechas al Señor del santo entierro.

DEVOCIONES QUE NO MENGUAN
La religiosidad popular en México es representación fiel de la inculturación del Evangelio en un país donde la diversidad cultural es amplia y su población mayormente pobre.
La inculturación se manifiesta en un sinnúmero de prácticas devocionales, en las que se usan una variedad de símbolos que nos ayudan a fortalecer la vivencia de valores religiosos y específicamente cristianos que se vinculan con incomparables ambientes. Es tan variable su cultura que favorece el medio de auto-evangelización. La cultura es un elemento heterogéneo, que si la comprendemos y respetamos podremos comprender mejor la religiosidad popular.
Actualmente, en la Ciudad de México la religiosidad popular está siendo afectada por el impacto de lo que hoy se denomina como la ‘cultura adveniente’, que trae a cuestas una gran ola de secuelas lacerantes como el secularismo, la relativización de los valores morales, la liberalización de las costumbres, etc.
Aun viviendo estos difíciles acontecimientos que parecieran nublar el entorno religioso popular que el país vive, la población en muchos sectores es indómita a sus vivencias, que son tan arraigadas a ellos como si fueran parte de sus venas. Y así caminan la Cuaresma, para encontrarse con el camino del crucificado y avanzar juntos detrás del Maestro hacia la Pascua eterna, para ser como dijo el beato papa Juan Pablo II: “México siempre fiel”.

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