Creo

Foto: Oxfam

Yo creo sólo en un Dios: en Abbá, como creía Jesús.

Yo creo que el Todo amoroso creador del cielo y de la tierra es como mi madre y puedo fiarme de él.

Lo creo porque así lo he visto en Jesús, que se sentía Hijo.

Yo creo que Abbá no está lejos sino cerca, al lado, dentro de mí, creo sentir su Aliento como una Brisa suave que me anima y me hace más fácil caminar.

Creo que Jesús, más aún que un hombre es Enviado, Mensajero.

Creo que sus palabras son Palabras de Abbá

Creo que sus acciones son mensajes de Abbá.

Creo que puedo llamar a Jesús La Palabra presente entre nosotros.

Yo sólo creo en un Dios, que es Padre, Palabra y Viento porque creo en Jesús, el Hijo el hombre lleno del Espíritu de Abbá.

Galarreta

Después del Concilio de Nicea (325) donde se determinó una sola sustancia: “hipostasis”, llego el Concilio de Constantinopla (381) donde se definió tres “hipostasis”: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Allí está fundamentada la esencia de nuestro Credo. Y es ese mismo Espíritu que movió a los discípulos a ir más allá del miedo, ese mismo que hoy sigue actuando en la comunidad, en la Iglesia, en el pueblo de Dios que va anunciando la Buena Noticia de Jesús.

¿Qué es la Trinidad? sino creemos en su ser relacional y actuante, esto es, sino vivimos en y desde ese Dios Trino que nos ama a cada uno en lo concreto, desde mi ser imagen de la Trinidad, que en su Hijo se Encarnó por amor a los humanos y a la creación, que nacido de mujer asumió nuestra historia concreta; creo que ese Espíritu está desde el inicio de la creación ordenando el “caos” en armonía divina, en creatividad amorosa. Ese mismo Espíritu sigue en la Iglesia moviendo, revolviendo, sacudiendo y guiando por sendas inéditas, por caminos no recorridos, con la fuerza del amor: así está la Trinidad amándose, amando y buscando seguir amando, en su unidad que es diversidad, en libertad y en cada criatura que es huella amorosa del Creador.

La Trinidad es quién puede recrear nuestras relaciones, encuentros entre dos o más, entre pueblos y culturas, es el Dios Trino presente en el misterio de lo diverso de la biodiversidad que se concreta en la fraternidad cósmica. Nuestras relaciones humanas están llamadas a ser reflejo e imagen de la Trinidad, que ama en libertad creadora.

El Dios Trino sigue habitando en nosotros, en mi interior de manera discreta y con anhelos de libertad plena, invitándonos a recrear las relaciones con las criaturas, y juntos crear fraternidad en esta CASA COMUN, donde habitamos todos y todas.

En esta “nuestra hermana madre tierra” como la llamó Francisco de Asís, es donde con la libertad de hijos e hijas estamos llamados a cuidar, proteger y defender de los mismos hijos que la quieren tratar como una mercancía, donde “el 82% de la riqueza mundial generada durante el año pasado (2017) fue a parar a manos del 1% más rico de la población mundial, mientras el 50% más pobre –3 700 millones de personas– no se benefició lo más mínimo de dicho crecimiento.

En tan solo 12 meses, la riqueza de esta élite ha aumentado en 762 000 millones de dólares. Este incremento podría haber terminado con la pobreza extrema en el mundo hasta siete veces” (https://www.oxfam.org/es/iguales/cinco-datos-escandalosos-sobre-la-desigualdad-extrema-global-y-como-combatirla).

 

René Flores, OFM

 

 

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