Es mi segunda vez en Tánger y voy comprendiendo un poco mejor lo que sucede. Entiendo que es muy difícil, desde Europa, comprender lo que pasa en África. Es fácil asustarse viendo lo que algunos medios de (des)comunicación quieren que creamos.

Llego al centro TAM (Tanger Accueil Migrants) que funciona en el sótano del Arzobispado de Tánger. Allí el movimiento de gente es constante. Regis, Idrissa y Abdul, me invitan a pasar a una habitación pequeña, poco iluminada y comenzamos a hablar de la situación en África. No los conozco de nada, pero me siento entre amigos, la conversación fluye como fluye en cualquier bar de Madrid, cuando unos amigos se juntan.

“La gente no es que quiera ir a Europa porque hay dinero, porque hay trabajo, no. La gente quiere ir a Europa porque allí hay libertad”.  Estas son las categóricas palabras con las que Regis, un inmigrante camerunés, comienza a explicarme la situación.

Regis es padre de gemelos que ya han cumplido los dos años y salió de Camerún, como todos, buscando un futuro mejor.

“En Camerún no hay futuro, el presidente lleva en el poder 33 años, es como una cárcel. La gente vive como en una cárcel, pero abierta”.

Idrissa salió de Burkina Fasso hace 15 años y luego de vivir en Tenerife y de obtener la nacionalidad española, ahora trabaja en el TAM de Tánger ayudando a los que allí llegan, desde todo África, con el sueño de cruzar a Europa. “Muchos llegan a Marruecos y ya no pueden volver, sienten que volver es un fracaso, con sus amigos, con sus familias. Aquí se encuentran discriminados, sin trabajo, solo les queda seguir para adelante, prefieren arriesgarse a morir intentando cruzar, a seguir en esta situación”.

África no es de los africanos, está completamente vendida. En cualquier país de África subsahariana, hasta los propios presidentes, han sido comprados por los magnates y las empresas occidentales que vienen a expoliar los países. Camerún, por ejemplo, es un país de una riqueza enorme, ningun camerunés debería tener necesidad de salir de su país, pero para el pueblo no queda nada…”

Mientras hablamos no puedo dejar de pensar en cuánta responsabilidad tenemos nosotros, los europeos, en lo que sucede en África. No puedo dejar de sentir vergüenza y una cierta indignación.

Los esclavizamos, luego los liberamos (solo aparentemente) pero solo para expoliarlos, les vendemos el sueño de la Europa rica y próspera, fomentamos las guerras fratricidas que sacuden el continente o simplemente no hacemos nada para impedirle, les obligamos a dejar sus países y cuando llegan a nuestras fronteras, les decimos “no, aquí no entras”…

“Cuando tú pones el telediario en Europa, las noticias que salen de África siempre son de desastres, siempre muestran cadáveres, niños con los vientres hinchados, con moscas en la cara… sin embargo, tú entras a cualquier hogar del África negra y lo que estarán viendo en la televisión es una cadena europea y lo que allí muestran es todo maravilloso, es como un “efecto llamada”… me dice Idrissa.

Cuanta razón tiene. Cuanto daño hemos hecho y seguimos haciendo.

Idrissa, Abdul y Regis son inmigrantes que han decidido quedarse en Tánger y ayudar a los que allí llegan. Los tres trabajan en el centro TAM, una iniciativa del Arzobispado.  

El TAM, me cuenta la hermana Irma, “es un proyecto del Área Social de la Delegación de Migraciones de la Diócesis y financiado por Caritas España, Cáritas Francia y Caritas Suiza, entre otros”. Los servicios que ofrece este centro han ido aumentando según lo hacían las necesidades de los propios inmigrantes.

Desde el TAM les ayudan a alquilar viviendas, en algunos casos les pagan el alquiler y en otros hacen de garantes e intermediarios entre los inmigrantes y el arrendador, les asisten para que reciban atención médica, les ayudan con la compra de medicinas, les facilitan ropa, duchas para que puedan higienizarse (muchos de ellos viven en la calle y otros en pisos que no tienen agua ni servicios básicos) o lavandería para que laven sus ropas.

Pero el TAM es, sobre todo, un lugar de encuentro, el lugar de acogida. Cuando estos hermanos y hermanas llegan a Tánger, no van al Ayuntamiento, no van a la Mezquita, van al Arzobispado.

Hay muchas cosas que podemos hacer para ayudarles, algunas tan sencillas como hacerles sentir que no están solos que, a pesar de todo, hay personas que piensan en ellos, que rezan por ellos, que se preocupan por ellos.

Por eso queremos lanzar hoy, Jornada Mundial del Migrante y de los Refugiados, esta iniciativa para decirles que no están solos.

Envía un mensaje de apoyo a los hombres, mujeres y niños que llegan a Tánger buscando la libertad, un futuro mejor.

MENSAJE PARA LOS HERMANOS Y HERMANAS INMIGRANTES QUE ESPERAN EN LA FRONTERA SUR DE EUROPA.

“Los abajo firmantes no queremos exigir al Gobierno, a los gobernantes nada. Eso ya lo hemos hecho y a la vista están los resultados. No queremos construir muros ni vallas. No queremos limitar la libertad de nadie, mucho menos de aquellos que solo buscan un lugar mejor para vivir.

Lo que queremos es enviar aliento, fuerza, el cariño que los anime a seguir adelante, a pesar de todo y a pesar de muchos.

Queremos decirles que aquí estamos, que nos preocupamos por ellos, que pensamos en ellos y que rezamos por ellos.

Que sepan que aquí encontrarán un amigo, un lugar donde ser acogidos, una familia, un hogar.

Y que les pedimos perdón si hemos sido indiferentes, si hemos sido cómplices, si hemos callado.

Dios los proteja, los guie y los guarde”