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Congreso de las clarisas OSC. Cronica 9-2-12

Via OFM

Hoy nos levantamos más temprano: San Damián es nuestra meta. Tenemos todavía en el corazón las felices experiencias que vivimos ayer por la noche durante la improvisada fiesta: las danzas y los bailes, los vestidos llenos de color y elegancia, los bocadillos manufacturados en distintos países, la rifa, los cantos… no siempre estuvimos al unísono con las voces… pero estuvimos alegres y contentos de estar juntos y de ser clarianos franciscanos.

Cielo sereno y horizonte luminoso, preludio de un día sin nieve y sin viento: un sueño. Es el primer regalo de este día. Siguieron otros muchos… Entramos en la Iglesia de San Damián y nos detenemos en la memoria de Clara y de Francisco bajo la mirada del Crucifijo. El obispo de Asís Mons. Domenico Sorrentino, preside la Eucaristía. Nos saluda con el calor de un padre que acoge las hijas en la casa materna, sintiéndose de alguna manera ‘cómplice del Espíritu Santo’ como lo fue el obispo Guido para Francisco y para Clara. Escuchamos la palabra de Dios donada por la Providencia en este lugar en el que Clara tantas veces la escuchó y a cuya luz ha caminado; en ella el Evangelio ha mostrado su vitalidad: sea así también para nosotros que “nacimos” en Asís hace 800 años y ahora podemos renacer en el espíritu. Al terminar la celebración, Fr. Aidan McGran lee la carta dirigida a Mons. Sorrentino de parte de la Secretaría de Estado Vaticano (hacer clic aquí), portavoz del salud y de la bendición del santo Padre con el deseo de que nuestro Congreso sea un momento propicio de fraternidad y diálogo en el que podamos vivir la gracia del centenario de la conversión de santa Clara: el mundo tiene necesidad de reconocernos como testimonios gozosos y generosos de Jesús pobre y humilde. Fr. Aidan agradece de corazón al obispo por habernos acogido tan paternalmente y por haber confirmado el acercamiento de los franciscanos y de las Clarisas a la Iglesia.

El guardián del convento Fr. Eugenio, nos da la bienvenida a nombre de la fraternidad, augurándonos poder realizar, durante este día, experiencias de gracia de las que fueron colmados Francisco y Clara, en este que fue y es el primer monasterio de las hermanas pobres.
Fr. Giovanni Boccali nos ayuda a recorrer los momentos iniciales de la conversión de Clara, y a quien Francisco ve como hija, Madre, esposa, de Dios Uno y trino, y como esclava, señora y reina del Señor altísimo.

Tenemos un tiempo prolongado para ‘habitar’ los lugares de Clara y de sus primeras hermanas. Ni visitadores ni peregrinos: San Damián es hoy sólo para nosotras, otro regalo que recibimos inesperadamente. En silencio, en pequeños grupos, compartiendo con las hermanas emociones y estupores, rezando, escuchando, simplemente ‘permaneciendo’ en la capilla, en el coro, en el refectorio, en el claustro, en el dormitorio, en la enfermería de Santa Inés, allá en donde todavía sentimos a Clara presente y viva, transcurrimos algunas valiosas horas, que en el correr del tiempo, continuarán a mover en nosotras el agua que surge del carisma.

Estamos invitados al almuerzo por los hermanos de San Damián: el refectorio se encuentra revestido de fiesta, los hermanos menores del convento de San Damián servirán de mesa en mesa… hoy verdaderamente experimentamos lo que significa sentirse en su casa. Bajo un cielo azul, tímidamente calentado por el sol que colorea de belleza el valle y las colinas y hace todavía más rosado la sonrisa de Asís, regresamos a Santa María de los Ángeles.

Por la tarde escuchamos la presentación del proyecto de ayuda dado por la Federación Umbra al monasterio de Jerusalén de origen francés. La Madre Angela Emmanuela narra la historia y el método del proyecto. Si en la mañana hemos encontramos a Clara ‘forma vitae’, ahora podemos tocar algo de Clara ‘forma viva’, por decirlo con palabras del tema del Congreso. Se pusieron en evidencia las fatigas y el entusiasmo que han acompañado los primeros pasos del proyecto y que ahora sostiene el camino de restructuración y de evaluación al terminar el trienio ad experimentum; la relación fecunda con los Hermanos Menores, de manera particular con el Custodio, y con la Iglesia local, pero en primer lugar con el Patriarca que es el Ordinario del monasterio; el crecimiento de la fraternidad y su fecundidad, tanto la de Jerusalén como las de la Federación Umbra. Siguieron comentarios y preguntas: el tema está en el corazón de todas las hermanas, ¡se comprende perfectamente! Antes de la merecida pausa, escuchamos el testimonio de la Madre Sabine, de Bélgica, que presenta los monasterios de su Federación que también comprende los monasterios de los Países Bajos (Holanda) de los cuales se evidencia la fuerte colaboración que existe entre ellos y con los demás miembros de la Familia franciscana. La tarde de trabajo terminó con preguntas, aclaraciones, aportaciones sobre temas por demás interesantes: autonomía, comunión, pertenencia, colaboración interfederal, que fueron presentados hace dos días por la Madre Anuarite, la Madre Marie Esther y la Madre Encarnación. Recavando de esta manera, un mosaico policromo, colorido y con perfumes internacionales que representa el rostro de Clara, a través de la forma vitae.


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Escrito por Redacción

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