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Con calma… Fray Manuel Romero, tor

Imagen1La tranquilidad y el sosiego no definen la vida del discípulo. Si obra como Jesús, se le exigirá dar la vida entera para consuelo de sus hermanos.

Los discípulos regresan de esa aventura de anunciar el Reino de Dios. Habían seguido los consejos del Maestro y llegaban contentos y agotados. Habían caminado por aquellos caminos y sobrevivido en aquellas condiciones… Por eso Jesús optó por subirse a la barca y volver al agua. Los discípulos venían de pisar la tierra de pueblos y caminos y comprobar las necesidades reales de la gente. Ahora son invitados a navegar sobre el agua donde deben confiar, escuchar y dejarse cuidar por el Maestro. Momentos necesarios para valorar la vida con profundidad…

Pero era mucha la gente que quería ver y escuchar al Maestro. Tantos “que no encontraban tiempo ni para comer”. Le buscaban porque les trataba con cariño, con respeto, se tomaba en serio sus dificultades y le entendían -de manera sencilla- todo lo que decía-. Gente que hoy sigue necesitada de palabras profundas y verdaderas que llenen el corazón y den sentido a la vida. Gente que busca ámbitos de silencio en los monasterios. Gente que descubre lo que verdaderamente importa y se aquilata en momentos de oración en retiros y ejercicios espirituales. Mucha gente, en muchos lugares distintos, alimentándose de diferentes espiritualidades, que busca la simplicidad de vida, al estilo del maestro y aquellos discípulo. Gente que no formará parte de las estadísticas del verano y las vacaciones.

Marcos nos dice que le seguían corriendo por tierra, mientras ellos iban por el agua. Una reacción que provocó lástima en Jesús -al comprobar su necesidad y distancia con la sinagoga o el Templo- y la decisión de “enseñarles con calma”.

Le dio lástima porque eran ovejas de un rebaño cuyos pastores se dedicaban a hacer cosas “religiosas”, administrativas, legales, morales, pero sin propiciar una experiencia de Dios y una búsqueda seria de su voluntad. Ese será el modelo para los pastores. Para todos aquellos que decidan dar su vida por amor. Sea en el culto, en la caridad, en el anuncio o en el acompañamiento. Pastores siempre exigidos por las gentes, pero poco valorados.

Quien se arriesga a seguir a Cristo debe olvidarse de sus necesidades para que su vida se llene de la necesidad de los demás, deje de tener en propiedad el tiempo para gastarlo con la gente, busque la salud de los enfermos aunque la suya se resienta.

Quien se arriesga a seguir a Cristo descubrirá que el Señor le sacia, descansa, cura y enseña de una forma muy especial, en momentos de intimidad, en las situaciones más incomprensibles porque se le ha pedido mucho en favor de sus hermanos.

Via LCDLP

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Escrito por Redacción

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