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Carta al hermano Francisco. Por Fray Tomas Gonzalez

¡FRANCISCO, VE Y REPARA MI IGLESIA, QUE AMENAZA RUINA! CARTA AL HERMANO FRANCISCO DE ASÍS

Hermano Franisco

¡El Señor te dé la Paz!

Hoy, como cada año, te escribo desde el corazón, para recordarte, para recordarme lo que soy. Nos han dicho que tu eres un poeta, que los que participamos de tu herencia, somos hijos de un juglar, de un cantor de la vida. Traducido esto a la actualidad podría afirmarse que toda franciscana y todo franciscano es partícipe de la espiritualidad que defiende la vida en todas sus manifestaciones, especialmente la vida amenazada.

Hermano Francisco, acercándonos a los días en los que te celebramos yo no dejo de pensar en tu testamento que dictaste en la ciudad de Siena algunos meses antes de tu muerte, en él nos expresaste en tres palabras tu voluntad: 1) que se amen los unos a los otros…2) que amen siempre y guarden a nuestra dama la santa pobreza…3) que sean siempre sumisos a la santa madre Iglesia.

QUE SE AMEN LOS UNOS A LOS OTROS…

En un mundo dividido, qué mejor testimonio que el ser Hermanos. Recuerdo a Leonardo, nuestro télogo periférico y menor cuando definió la identidad franciscana desde América Latina: Ser Franciscano significa ser radicalmente pobre, para ser plenamente hermano. Desde que escuché esto, pensé no solamente en la densidad de la frase, también en la exigente radicalidad para vivirla y por supuesto, en la terrible revolución que se armaría si la Orden se atreviera a vivirla.

Hablar de Hermanos, es hablar de comunión, de fraternidad y es hacer referencia a la profunda fragmentación de la que somos testigos en la actualidad. Francisco, los acontecimientos que se han sudecido este año tienen al mundo ya no solo llorando sino además sangrando. Quienes verdaderamente lo gobiernan lo tienen sometido, sobreexplotado. La recuperación de este enfermo llevará un tiempo indeterminado. La mayoría de las personas que se dedican a analizar la realidad nos dicen que el gran culpable es el sistema económico que impera ya desde hace décadas. El neoliberalismo ha venido a despellejar más a los empobrecidos y a excluirlos de la misma vida. Hemos estado recientemente a punto de otra guerra de grandes dimensiones. Las teólogas y teólogos reunidos en el XXXIII Congreso de Teología, nos dicen que «entre 40,000 y 50,000 personas mueren al día por hambre y guerras, cuando existen recursos suficientes para alimentar el doble de la población mundial». Estamos frente a un problema de extrema desigualdad y división.

Las últimas desgracias, así llamadas naturales en México nos han venido a recordar lo que ya sabíamos: en este país hay más de 60 millones de personas en estado de pobreza; miles de jóvenes sin escuelas, sin trabajo; millones de personas sin acceso a un empleo

digno; y así podemos ir mencionando la realidad de este país y el mundo. Las reformas estructurales no sólo en México, sino a nivel internacional tienen el denominador común de que van acompañadas de represión y aquí ningún modelo económico se salva, lo que nos lleva a repetir junto con las teólogas y teólogos del mundo que «la crisis ecomómica se ha convertido en una crisis de derechos humanos».

Francisco, hemos dejado de ser Hermanos; el ser humano es patrón de otro ser humano; hemos llegado al climax de que el pobre condene al miserable. Mirando la realidad he recordado tus palabras en aquella ocasión en la que molesto dijiste a los hermanos, cuando te enteraste del conflicto entre el Goberador y el Obispo de Asís: Es una gran vergüenza para nosotros siervos de Dios, que nadie se preocupe de reestablecer entre el Obispo y el Podestá la paz y la concordia, cuando vemos como se odian.

QUE AMEN SIEMPRE Y GUARDEN A NUESTRA DAMA LA SANTA POBREZA…

Hermano Francisco, con el poema del Cántico de las criaturas, nos enseñaste a personificar a los elementos de la Creación y en el Saludo a las virtudes te referiste a las mismas como señoras y hermanas. De ahí el título que te han dado de Hermano Universal. La pobreza no era para ti una abstracción, ni un discurso, ni una pose, ni un disfraz. La pobreza la encontrabas en cada necesitado, en cada mujer y hombre excluído por el sistema que en tu siglo te tocó vivir. Y tu enérgico llamado a la fidelidad a la pobreza, era en realidad un llamado a los hermanos a nunca alejarse de lo que el Señor te reveló como forma de vida para ti y para nosotros: Y me dijo el Señor que quería que yo fuera un nuevo loco en este mundo; y no quiso conducirnos por otro camino que el de esta ciencia Y se necesita estar suficientemente loco para despojarse de todo, para ser radicalmente pobre y llegar a ser plenamente hermano.

Tu sabes Francisco, que cuando pienso en los pobres, pienso en las personas que nos ha tocado servir en estos último años: las y los migrantes que atraviesan México y a su paso encuentran un veradero campo minado que les puede dejar sin vida en cualquier momento.

Este año no la hemos tenido nada fácil, hemos sido testigos de nuevas masacres y tragedias, algunas de ellas, perversamente son la concreción de la política migratoria de nuestro país. Política que viene a desenmascarar el exterminio del que es objeto el pueblo migrante.

Y si se me permite personificar a las cosas malas como tu hiciste con las buenas, puedo entonces decir que la profunda impunidad es la madrasta de la corrupción y a las y los que atendemos a las personas migrantes nos deja preñados de la impotencia que llega a enfermar y nos puede llevar a dejar la utópica causa a un lado.

Son los sufrientes pueblos migrantes, los que en su camino van desenmascarando la verdad del sistema que impera. Son los desplazados por la violencia ecomómica y las fuerzas de la naturaleza los que vienen a revelar el terrible cáncer que aqueja a los dueños del mundo. Son ellas, ellos, Hermano Francisco los que definen en su martirio cotidiano la agonía de este mundo, pues lo desnudan todo en su paso.

Francisco, cuando le pusimos a nuestra Casa La 72, el nombre-número fue muy intencional, pues pensamos que el número nos recordara la masacre de San Farnando, Tamaulipas y junto con ella todas las masacres y tragedias que unidas nos vienen a dar como resultado un holocausto. Y digo nos recordara a todos, a los criminales, a las autoridades, a las víctimas sobrevivientes, que no podemos olvidar, que no vamos a olvidar a los muertos del sistema. Parafraseando al anciano profeta del sur podemos afirmar que, si perdemos la memoria de los masacrados, perdemos el futuro de los que seguirán pasando.

Cada masacre, cada tragedia, cada mutilación, cada secuestro, cada vejación sexual nos impulsará mucho más a seguir en la línea de Jesús de Nazaret y de aquella frase profética que nos dejaste Francisco: Los pobres son nuestros maestros y señores.

QUE SEAN SIEMPRE SUMISOS A LA SANTA MADRE IGLESIA

Finalmente, Hermano Francisco, me animo a hablarte de nuestra Iglesia. Hoy, muchas y muchos están muy optimistas, pues hemos sido testigos de lo que pocas veces en la historia ha pasado en esta Iglesia, que un Papa renuncie. Poco se esperaba la elección de un Papa no europero, más bien se hablaba de continuidad, de lo más duro del invierno eclesiástico. Y mira que el Espíritu sacudió nuevamente pues como sabes, los cardenales eligieron al jesuita argentino Jorge Bergoglio. Seguramente estás apenado, pues el señor Papa ha tomado tu nombre y ha dicho por qué. Yo me pregunto y te pregunto: ¿qué dirías tu de este acontecimiento?

No sé otras congregaciones, pero los Hermanos Franciscanos estaban más que alborotados por el nombre del nuevo Papa, se llenaron de orgullo. En realidad a mi me dio cierta tristeza.

El entusiasmo va creciendo en la Iglesia, no solo los gestos, las palabras, las actitudes del Papa Francisco han motivado esos sentimientos de renovación. Se cree que la Iglesia ha entrado ya en un estado de reformas. Muchos están pidiendo reformas estructurales. Y pienso: si esas reformas estructurales son como las que está llevando a cabo el Gobierno de México, mejor que las cosas se queden como están. Porque la reforma de la Iglesia tiene que ver con temas morales, doctrinales, sexuales, de autoridad, la mujer. Y si vamos buscándole nos vamos a encontrar con Jesús de Nazaret y su Evangelio y, entonces esta Iglesia se vendrá abajo y renacerá una Iglesia totalmente otra.

Francisco, ve y repara mi Iglesia que amenaza ruina, escuchaste decir al Cristo glorioso que colgaba de la abandonada y derruida capillita de San Damián en las afueras de Asís, e inmediatamente te pusiste a reconstruir ese templo, muchos te han tachado de ingenuo y han pensado que entediste mal las cosas. En realidad la reconstrucción de esa capilla era algo simbólico, porque verdaderamente colaboraste en la reconstrucción de la Iglesia de tu tiempo. Tu sueño, tu pasión con la Iglesia fue revestirla del sayal de los pobres de tu tiempo y es semejante el sueño del actual Papa, eco del Papa bueno: la Iglesia de los pobres.

Francisco, que la urgente reforma de nuestra Iglesia no sea de manera cosmética. Si alguien quiere en verdad transformar la Iglesia se encontrará con la férrea oposición de un buen número de personas e instituciones dentro y fuera de la misma Iglesia. Por supuesto, también está el peligro de la moda, como aquel hermano sacerdote que vendió su mercedes benz porque el Papa declaró que le daba tristeza ver a un cura o una monja en carros último modelo. Ojalá y no se convierta una moda el pectoral «sencillo» del Papa, o sentarse en sillas austeras de madera, o ver a los Obispos y Cardenales subirse a los «buses» como el Papa cuando era Arzobispo de Buenos Aires.

Hermano Francisco, entre tus muchos títulos fuiste declarado el varón todo católico y todo apostólico, porque creíste en la Iglesia como madre, como hermana y viviste la universalidad y misionariedad, es decir, te descubriste Hermano y Enviado.

Que tu ardor sea el nuestro Francisco, que nos fascinemos por humanizar nuestra cotidianidad; que seamos creativamente revolucionarios para acompañar a los pobres y que nuestra Iglesia conjugue esas dos pasiones: que sea hermana y sea de los pobres para que sea de todas y de todos.

Tu menor hermano, Tomás

Tenosique, Tabasco, 3 de octubre de 2013.

 

Gracias a la hermana Maria Gabriela Alarcón Contreras, por compartirlo.

Paz y Bien!

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