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Cargar con Dios. Por Manuel Romero, tor

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Hay días en los que a uno no le cabe más en la cabeza y necesita pararse. Son esos días en los se da una inflación de sentimientos, sucesos e información, que me abocan al silencio y a la oración. Y es que hay momentos en los que no puedo digerirlo todo y -como con la comida- preciso descanso y tiempo.

El Misterio de Dios no es inaccesible, ¡qué va! Él ha querido hacerlo carne e historia. Jesús se ha encargado de mostrarlo y el Espíritu de secuenciarlo. Es parte de una pedagogía que me lleva a comprender, en cada momento de la vida, parte del mensaje de Jesús. Algo que nos ocurre con el resto de la realidad. No podemos pretender saberlo todo de golpe; ni estamos preparados -porque el saber es muy vasto- ni sabríamos como actuar. Por eso, me viene a la mente el consejo de Jesús de que “a cada momento le basta su afán”, para transitar por la vida con un trozo de saber sobre Dios y sobre el mundo. A la verdad plena llegaré tras los pasos que me prepare -pedagógicamente- el Espíritu, que “tomará de Jesús y me lo anunciará”. Y es verdad porque mi razón tiene su capacidad.

El Misterio de Dios no es inabarcable, ¡qué va! Dios ha querido poner mucho amor en el mundo desde la Creación. Ese amor se ha mostrado en cada criatura y en el hermano Jesús. Es parte de una pedagogía que me lleva a reconocer ese amor en mi pequeño corazón. No puedo pretender sentirlo en totalidad, de golpe, no lo aguantaría… sólo las experiencias místicas se acercan a esos niveles y suponen un exceso. Ya les decía Jesús a aquellos discípulos: “Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora”. Y es cierto porque el corazón tiene su capacidad.

Hay tantas cosas que no entiendo de mi, de los demás y de Dios que he de vivir en Providencia. Pidiendo la dosis de amor y entendimiento para hoy. Acogiendo la parte de revelación que preciso para transitar con sentido. Adorando a Dios en su manera de ser y mostrarse en la historia: un Padre origen de la existencia, un Hijo el amigo fiel hasta el extremo y un Espíritu que me lo sugiere.

Hay tantas verdades que no comprendo del Reino de Dios, de la Iglesia y de mi Comunidad que he de vivir en Adoración. Y, hoy se me propone la vida de los hermanos contemplativos como el modo más sencillo y bello de cargar con el misterio de Dios.

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Escrito por Redacción

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