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Campo de trabajo en Chelva, España, 2012

Via OFM VAL

Desde los días 30 de julio al 7 de agosto 25 jóvenes de los colegios franciscanos de Carcaixent y Ontinyent, y algunos otros de Valencia, más tres adultos, enriquecido los últimos días con la presencia de cuatro adultos más y un niño, han participado en el campo de trabajo que se ha organizado en el convento de san Francisco de Chelva.

Después de un año sin hacerse, en 2012 se ha podido retomar esta actividad que, por otra parte, se viene realizando desde hace ya más de veinte años.

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Si hubiese que emplear una expresión para resumir este campo de trabajo, la que habría que escoger es «ambiente fantástico». Desde un principio se recordó que lo importante en este campo de trabajo no era el conseguir concluir determinadas tareas a realizar durante esos días, sino crear un ambiente bueno en el que la convivencia fuese el factor determinante del éxito o no de estos días. Y hemos de afirmar con mucha alegría que ese ambiente ha sido fantástico. Toda la gente se ha sabido compenetrar, ha sido muy responsable a la hora de la puntualidad o del trabajo, y nos lo hemos sabido pasar muy bien sin necesidad de tanta tecnología y otro tipo de mediaciones que muchas veces lo que hacen es esclavizarnos. Este es el encanto del convento: que no tiene nada y ello favorece las relaciones interpersonales directas.

El transcurrir de los días fue de la siguiente manera: los adultos se levantaban una hora antes para rezar y preparar el desayuno. Los jóvenes se levantaban a las 8,00 horas para desayunar a las 8,15 e iniciar el trabajo de inmediato. Esto nos llevaba hasta las 12,00 horas, momento en el que muchos iban a tomar el baño al río. El primer día casi todos bajaron, el resto de días la cosa cambió, y unos se quedaban descansando, charlando, estudiando o leyendo… tras la comida, un buen rato de descanso, hasta las 17,00 horas. En ese momento nos reuníamos todos para iniciar una reflexión en torno a la figura de san Francisco. Con unos textos sencillos y apoyados por unas preguntas, nos hemos metido en el misterio de este hombre fascinante donde los haya. Tras la reflexión de una hora y media, se merendaba y a las 20,00 horas teníamos el rezo de vísperas, preparado por un grupo cada día.

Al acabar la cena nos reuníamos para realizar actividades diversas: una noche tuvimos juegos, otra un karaoke «sin micro», otra una película, otra una vuelta por el pueblo…

El fin de semana se vio enriquecido por la jornada de puertas abiertas y por la visita de algunos padres de adolescentes y jóvenes del campo de trabajo. Esto supuso un gran trabajo por parte del grupo para tener a punto todo, y una inmensa alegría de poder encontrarnos con tanta gente nueva, en unos casos, conocida en otros. En la comida del domingo nos llegamos a juntar más de cincuenta personas.

Y ¿qué decir del trabajo? Pues se ha reforzado un muro gracias a la colaboración inestimable de Pepe y Paco, amigos de Chelva; se ha limpiado la acequia y descubierto una horma para poderla levantar cuando sea posible, se ha decapado varias puertas de los baños y se ha pintado tanto el claustro como la biblioteca y los baños de la planta baja.

Muchos de los jóvenes, cuando marchaban el día 7, decían: «el año que viene quiero repetir». Hemos de tener en cuenta que cada año es una experiencia nueva, aunque se haga lo mismo, por eso, lo importante ahora no es tanto pensar en el año que viene, sino saborear esta experiencia de fraternidad y de alegría. Dejémosla reposar en nuestro corazón, con el fin de que salga lo que Jesús ha sembrado en nuestro interior.

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Escrito por Redacción

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