Fratelli Tutti – Capítulo séptimo

El reencuentro propicia la paz, “se necesitan artesanos de paz dispuestos a generar procesos de sanación y de reencuentro con ingenio y audacia.” (n.225).

El reencuentro que construye la paz, “es un trabajo paciente que busca la verdad y la justicia, que honra la memoria de las víctimas y que se abre, paso a paso, a una esperanza común, más fuerte que la venganza»” (n.226). “En efecto, «la verdad es una compañera inseparable de la justicia y de la misericordia. Las tres juntas son esenciales para construir la paz… Verdad es reconocer el dolor de las mujeres víctimas…Cada violencia cometida contra un ser humano es una herida en la carne de la humanidad” (227). Si construimos la paz, todos ganamos en la sociedad (n.230). Estamos llamados a ser artesanos de la paz (n.231-232).

La amistad social, necesita de reencuentros, especialmente “la búsqueda de un reencuentro con los sectores más empobrecidos y vulnerables.” (n.233). Los últimos de una sociedad son el punto de partida en la construcción de la paz (n.235). Es importante la reconciliación en todo proceso social (n.236). “El perdón y la reconciliación son temas fuertemente acentuados en el cristianismo…” (n.237).

Jesús nos propuso un camino de vida que descarta la violencia, opresión e intolerancia, “él mismo condenaba abiertamente el uso de la fuerza para imponerse a los demás” (238). Es importante el manejo del conflicto en toda situación social (n.239-240).

“No se trata de proponer un perdón renunciando a los propios derechos ante un poderoso corrupto, ante un criminal o ante alguien que degrada nuestra dignidad… Quien sufre la injusticia tiene que defender con fuerza sus derechos y los de su familia precisamente porque debe preservar la dignidad que se le ha dado, una dignidad que Dios ama.” (n.241).

Estamos llamados a superar el conflicto social, “es cierto que «no es tarea fácil superar el amargo legado de injusticias, hostilidad y desconfianza que dejó el conflicto. Esto sólo se puede conseguir venciendo el mal con el bien…” (n.243). Siempre es importante reconocer que la unidad hace posible la amistad social (n.245).

Esta casa común está marcada por las guerras, por los genocidios e injusticias que han generado víctimas (n.247-247). “No deben olvidarse los bombardeos atómicos a Hiroshima y Nagasaki. Una vez más «hago memoria aquí de todas las víctimas…No podemos permitir que las actuales y nuevas generaciones pierdan la memoria de lo acontecido, esa memoria que es garante y estímulo para construir un futuro más justo y más fraterno” (n.248). Estas atrocidades han deshumanizado los pueblos, por eso “Es fácil hoy caer en la tentación de dar vuelta la página diciendo que ya hace mucho tiempo que sucedió y que hay que mirar hacia adelante. ¡No, por Dios! Nunca se avanza sin memoria, no se evoluciona sin una memoria íntegra y luminosa. Necesitamos mantener «viva la llama de la conciencia colectiva, testificando a las generaciones venideras el horror de lo que sucedió” (n.249).

El papa es enfático en decir, que “El perdón no implica olvido” (n.250). Este perdón no puede ir acompañada de promover acciones violentas o vengativas (n.251); tampoco, dirá la encíclica, “estamos hablando de impunidad. Pero la justicia sólo se busca adecuadamente por amor a la justicia misma, por respeto a las víctimas, para prevenir nuevos crímenes y en orden a preservar el bien común” (n.252). Es importante diferenciar que la injusticia y violencia cometida por el Estado, es de mayor gravedad social (n.253).

La guerra, los genocidios cometidos en ella y la hegemonía terrorista de algunos afectan la fraternidad en las naciones (n.255-256). “recuerdo que «la guerra es la negación de todos los derechos y una dramática agresión al ambiente” (n.257). “La Carta de las Naciones Unidas, respetada y aplicada con transparencia y sinceridad, es un punto de referencia obligatorio de justicia y un cauce de paz.” (n.258).

La encíclica plantea una fragante oposición a las guerras, como salida de resolución de problemas en esta familia humana (n.258). “En nuestro mundo ya no hay sólo “pedazos” de guerra en un país o en otro, sino que se vive una “guerra mundial a pedazos”, porque los destinos de los países están fuertemente conectados entre ellos en el escenario mundial” (259). “Toda guerra deja al mundo peor que como lo había encontrado.” (n.261). El papa hace una propuesta sobre el armamentismo, “con el dinero que se usa en armas y otros gastos militares, constituyamos un Fondo mundial” (n.262). De igual manera no es admisible la pena de muerte por ninguna justificación la violación de los DDHH, los asesinatos extrajudiciales y la pena de muerte (n.263-267). Para nosotros cristianos es un imperativo humano y de fe (n.268-270).

Fray René Arturo Flores, OFM

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Escrito por Redacción

Diálogo y amistad social

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