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«Cada cristiano debe desnudarse del espíritu del mundo, cáncer de la sociedad»

En la «sala della spoliazione» de Francisco: «Hoy es un día de llanto por Lampedusa, estas cosas las hace el espíritu mundano»

ANDREA TORNIELLI
ASÍS

«El cristiano no puede convivir con el espíritu del mundo, la mundanidad que nos lleva a la vanidad, a la prepotencia, al orgullo». En la «sala della spoliazione», en la que San Francisco se desnudó y renunció a todo para ponerse de la parte de los pobres, el Papa que eligió el nombre del Pobrecillo de Asís pidió a toda la iglesia, es decir a cada uno de todos los bautizados, que se «desnudara» de todo lo que no es esencial, para ser solamente «la Iglesia de Cristo». Es la primera vez en 900 años que un Papa visita este lugar. Lo recibieron los pobres a los que ayuda la Cáritas. Esta vez también dejo el discurso que había preparado y pronunció un discurso libremente. Recordó a las víctimas de Lampedusa diciendo: «Hoy es un día de llanto». E ironizó sobre los medios de comunicación que habían hecho «fantasías» sobre el discurso que habría dicho.

«Es la primera vez que un Papa viene aquí -dijo Francisco- y en los periódicos y en los medios se entretejían fantasías: el Papa irá a desnudar a la Iglesia, desnudará a los obispos, a los cardenales, a sí mismo… Esta es una buena ocasión para hacer una invitación a la Iglesia para que se desnude. Pero la Iglesia somos todos… Todos somos la Iglesia y debemos ir por el camino de Jesús. Él mismo nos ha dado un camino de desnudez. Se hizo siervo, servidor, quiso ser humillado en la Cruz… Si nosotros queremos ser cristianos, no hay otro camino. No podemos hacer un cristianismo un poco «más humano», sin Cruz, sin Jesús, sin desnudarnos. Nos convertiríamos en cristianos de pastelería, como los pasteles muy bonitos y dulces, pero no verdaderos cristianos». «El cristiano -añadió Bergoglio- debe desnudarse hoy de un peligro gravísimo que amenaza a cada persona en la Iglesia, el peligro de la mundanidad. El cristiano no puede convivir con el espíritu del mundo, la mundanidad que nos lleva a la vanidad, a la prepotencia, al orgullo. Y este es un ídolo, no es Dios. La idolatría es el pecado más fuerte. Cuando los medios haban sobre la Iglesia, creen que la Iglesia son los sacerdotes, las monjas, los obispos, los cardenales y el Papa. La Iglesia somos todos nosotros y todos nosotros debemos desnudarnos de esta mundanidad, de este espíritu que va en contra del de las beatitudes, en contra del de Jesús. La mundanidad nos daña. Es muy triste encontrar a un cristiano mundano, convencido de esa seguridad que le da la fe y que le da el mundo. No se puede trabajar en las dos partes. La Iglesia, todos nosotros, debemos desnudarnos de la mundanidad, Lo decía Jesús mismo: no se puede servir a dos amos, o sirves a Dios o sirves al dinero».

 

«No se puede servir a Dios y al dinero, la vanidad y al orgullo. Nosotros no podemos -dijo Francisco-, es triste, borrar con una mano lo que escribimos con la otra. El Evangelio es el Evangelio. Dios es el único, y Jesús se hizo siervo por nosotros, y el espíritu del mundo no tiene nada que ver. Hoy, aquí con ustedes, con muchos de ustedes que han sido despojados por este mundo salvaje que no da trabajo, que no ayuda, al que no le importa si hay niños que mueren de hambre, al que no le importa si muchas familias no tienen para comer, no tienen la dignidad de llevar el pan a casa, al que no le importa si mucha gente tiene que huir de la esclavitud y del hambre. Y huir en busca de la libertad, y con cuánto horror muchas veces vemos que encuentran la muerte, como sucedió ayer en Lampedua. Pero hoy es un día de llanto, estas cosas las hace el espíritu del mundo, es de verdad ridículo que un cristiano, un verdadero cristiano, un sacerdote, una monja, un obispo, un Papa quiera seguir el camino de esta mundanidad que es una actitud homicida».

«La mundanidad espiritual -concluyó el Papa- mata, mata el alma, mata a las personas, mata a la iglesia. Cuando Francisco aquí hizo ese gesto de desnudarse, era un chico joven, no tenía fuerza, fue la fuerza de Dios la que lo impulsó a hacer esto, la fuerza de Dios que quería recordarnos lo que Jesús decía sobre el espíritu del mundo, cuando Jesús pidió al Padre que nos salvara del espíritu del mundo. Hoy, aquí, pidamos la gracia para todos los cristianos: que el Señor nos dé a todos la valentía para desnudarnos, pero del espíritu del mundo que es la lepra, el cáncer de la sociedad, es el enemigo de Jesús. Pido al Señor que nos dé a todos esta gracia».

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Escrito por Redacción

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