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Quizás merecemos tantas burlas…

Me había propuesto mantenerme al margen del absurdo de estos últimos días, pero hoy he visto algunas cosas que me han dolido y por eso escribo este post. Porque soy católico (o lo intento)

En España, los católicos llevamos un tiempo soportando todo tipo de burlas y menosprecios. Desde imágenes de distintas advocaciones de la Virgen besándose en la boca, exposiciones blasfemas con hostias consagradas y un largo etcétera hasta el último esperpento del carnaval de Las Palmas de Gran Canarias.

Pero esta semana también se ha sumado a la escena una campaña sobre la transexualidad que todo el mundo asocia con los católicos y la Iglesia. La campaña es simple y plantea el hecho (científico) de que los niños tienen pene y las niñas vulva.

Muchas veces me he expresado sobre el tema de la sexualidad y he dejado claro que creo, firmemente, que a Dios no le importan las tendencias sexuales de sus hijos. Creo que siempre debe primar el amor, incluso con aquellos que no piensan o creen lo que nosotros.

Cuando se juzga la sexualidad de las personas por sobre su ser, simplemente, se la reduce a un mero objeto, se la despoja de su dignidad y (aunque resulte obvio) esto no es cristiano. No es lo que Cristo nos enseñó.

Antes de seguir, aclaro, que estoy hablando de adultos que, libremente deciden sobre sus vidas. No somos quienes, para juzgarlos, para eso está Dios o ¿acaso somos dioses?

Estoy absolutamente en contra de las leyes que pretenden adoctrinar a mis hijos en ideas contrarias a las mías. Soy yo, como padre, quien tiene el derecho y la potestad, de educar a mis hijos según mis creencias. No consiento que venga ningún estado, ningún poder, ningún grupo minoritario o mayoritario, a decir a mis hijos en que deben creer o como deben ser.

Pero volviendo al tema, lo que parece que algunos católicos hemos olvidado es que el cristianismo no es una “idea”, algo que haya que defender e imponer. El cristianismo es una forma de vida. Una forma de entender la vida y la relación con los demás, desde la conciencia de la fe y el ejemplo de Cristo.

Es entonces cuando me surge la pregunta ¿no seremos merecedores de tanta burla?

La fe es un don de Dios, no todos la reciben. La inmensa mayoría del mundo no cree en lo que nosotros creemos. Incluso un buen número de católicos no cree en buena parte de lo que la Iglesia predica.

¿Cómo podemos evangelizar a esa gente? ¿Cómo anunciarles la maravillosa noticia del Evangelio?

¿Imponiendo nuestras creencias mediante poderes totalitarios? ¿Llenando vallas publicitarias con bonitos eslóganes? ¿Denunciando hasta el hartazgo los avances de “ideologías” malvadas? ¿Paseando un autobús por Madrid?¿Haciendo el indio para lograr salir en los medios?

Hemos olvidado que Cristo, en el Evangelio, nos llama a dar TESTIMONIO, con nuestra forma de comportarnos, con nuestra forma de trabajar, de relacionarnos, de divertirnos, en resumen, de vivir.

Entonces cuando no creemos en aquello que predicamos, cuando simulamos, cuando representamos, cuando jugamos a ser cristianos, cuando nos aprovechamos de los símbolos, de los rituales, de la fe popular, y lo hacemos para lucrarnos, para enriquecernos, para adquirir poder, entonces somos los hipócritas de los que hablaba el Evangelio el miércoles de ceniza.

Es entonces, cuando nuestras vidas están tan llenas de doctrina, de rituales y tan vacías de misericordia, de amor al prójimo, de cristianismo, que los otros, los que no tienen fe, se burlan. Porque ven la hipocresía de nuestros actos y el mundo de hoy está harto de los hipócritas.

“Por sus frutos los conoceréis”, dice el Señor y, también, “no todo el que diga Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos”…

Se burlan de nosotros porque somos hipócritas, porque no vivimos lo que predicamos, porque, en la era de la hipercomunicación, las máscaras han caído y ya no se puede seguir ocultando al sacerdote que abusa de menores, al cardenal o al obispo que vive en palacios y frecuenta los círculos de poder… Porque ya nadie acepta que un grupo de pijos o perroflautas, venga a decirnos lo que está bien y lo que está mal.

Porque es un escándalo que mientras 800 millones de personas pasan hambre, mientras 60 millones de personas deambulan por el mundo escapando de la guerra y soportando el rechazo de los países del norte, mientras la corrupción política mata ciudadanos, mientras el Mediterráneo se llena de cadáveres y mientras las ideologías extremistas crecen en todo el mundo, haya quien se movilice por temas tan banales como lo que hace o no hace alguien en su cama.

Y cuando esto sucede todo se derrumba. Porque entonces da igual que la verdad que predican sea grande como un templo. Da igual porque quien la predica carece de toda autoridad moral… y, si a esto agregamos, que la prédica se realiza al estilo FEMEN, con fuegos de artificio, el coctel está servido.

Falta un ingrediente más a esta sopa de porquerías… el silencio. El silencio de una parte de la Iglesia que, por no mojarse, dejan hacer. Por ser “políticamente correctos” no condenan, no denuncian. Callan. Permitiendo que las palabras “católicos” o “Iglesia” vengan asociadas a esta hipocresía generalizada.

Quizás si, quizás merecemos la burla. Quizás deberíamos pensar si nuestros comportamientos no son los que están provocando tanta injuria y tanta blasfemia.

 

Gabriel López Santamaría

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Escrito por Gabriel López Santamaría

Franciscano, padre de dos hijos, es fundador de pazybien.es y de Católicos en Red.

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