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Bautizar marcianos!

Estos días en Madrid las primeras comuniones están a la orden del día. Esperando a que mi hijo saliera del colegio escuche a dos madres conversando sobre el párroco del lugar.

Sucedía que el hijo de una de ellas tenia síndrome de down y el párroco se negaba a darle la comunión, la madre le pedía, al menos, que le dejara ponerse el traje de comunión para que se sintiera integrado y el susodicho párroco tampoco accedió.

Esta es la imagen de una iglesia (con minúscula) que cree ser la dueña de la fe, me recuerda a los sacerdotes del templo de Israel que tenían a Dios custodiado, o mejor dicho capturado, en el Sancto Sanctorum y solo ellos podían acceder a Él (y algunos otros previo pago del diezmo correspondiente). Estoy harto de esa iglesia. Harto de los que, desde grandes despachos, creen dirigir una empresa y no una parroquia o una diócesis. De los que despachan alimentos a los necesitados no por caridad sino porque es parte de su trabajo. Harto.

La semana pasada el papa Francisco volvió a darnos cátedra de lo que deberíamos ser, especialmente los sacerdotes, y decía ¿Quiénes somos nosotros para cerrarle las puertas al Espíritu Santo? 

Si mañana llegara una expedición de marcianos, por ejemplo, y algunos de ellos vinieran donde nosotros, digo marcianos ¿no?… Verdes, con esa nariz larga y las orejas grandes, como los pintan los niños… Y uno dijera: «Pero, yo quiero el bautismo”. ¿Qué pasaría?.

Y él mismo se contesta:

Cuando el Señor nos enseña el camino, quiénes somos nosotros para decir “no, Señor, ¡eso no es prudente! No, hagámoslo de esta forma…” Quiénes somos nosotros para cerrar puertas.

¿Quienes somos nosotros para impedirle a un chico con capacidades diferentes disfrutar del Cuerpo de Cristo? ¿No nos damos cuenta que cuando negamos a alguien un sacramento le negamos también la Gracia Santificante que el mismo conlleva? ¿Quien puede asegurar que ese chico no tiene las «disposiciones necesarias» para recibir el Sacramento? «Quien tenga la mano libre que tire la primera piedra…»

Quizás sea hora de que los católicos también nos «indignemos» con nuestros pastores cuando no se comportan como tal, cuando predican una cosa y hacen otra, cuando no son consecuentes con su dignidad y vocación.

Paz y Bien!

 

Gabriel

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Escrito por Redacción

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