in ,

Atados al cielo. Por Manuel Romero, tor

Uno esperó a que Jesús saliera de la ciudad para encontrarse con Él.

Era un hombre cumplidor -como desvelan sus argumentos- y pretendía destacar ante los fariseos. Quizá por eso esperó a que Jesús saliera para mostrarle su valía, su riqueza. Y con cierto halago llama a Jesús “maestro” y “bueno” y le hace saber su honradez en cumplir la Ley de Moisés. ¡Claro!, el Señor se sorprende por el momento y por las palabras elegidas.

Así somos muchos de nosotros. Nos gusta hacernos notar y queremos que se den cuenta. No nos basta lo del ejemplo… queremos que Jesús se nos quede “mirando con cariño” y que nos diga: ¡qué bien lo haces, no estás lejos del reino de Dios! Sin embargo, el Maestro no responde a sus argumentos y menos a su pregunta. No alaba lo que tiene, lo que ha hecho, lo que ha acumulado, lo que es… si no lo que le falta: “vende lo que tienes, da el dinero a los pobres y heredarás en el cielo”.

Los discípulos -que habían dejado todo- tampoco comprenden la respuesta a uno tan cumplidor. Pero, “Jesús, mirando alrededor les dijo: ¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de los cielos”. Supongo que la entrada al cielo no se pagará a base de misas, de normas y dineros… acumular no da la seguridad de ir tan alto. Nuestra vida “cristiana” tiene un objetivo: ser encontrados por Cristo. Ese es nuestro cielo y nuestra herencia.

Elegirnos es una decisión es de Cristo y un regalo siempre inmerecido e impagable. Por eso, remata a aquel hombre diciendo: “sígueme, da todo lo que tienes a los pobres” porque ya estás conmigo. Aquel no reconoció el premio ni entendió el ejempl; ninguno de ellos… uno se marchó triste y los otros se quedaron espantados.

¿Y, nosotros? Nuestra seguridad no la ciframos en que a Cristo no podemos perderle sino en nuestras capacidades, en nuestras tareas comunitarias, en nuestras responsabilidades provinciales, en nuestro sueldo… Y todo para no movernos, para no salir, para poner la seguridad en nuestras fundaciones. Mientras tanto o las agujas han crecido o los camellos mermado. Pero la única riqueza que nos desata y hace llevadero y liviano el camino, el transitarlo con Cristo.

Via LCDLP

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cargando...

0

Comentarios

0 Comentarios

Escrito por Redacción

Una cosa nos falta. Por José Antonio Pagola

El Papa: los malos parecen afortunados, pero para Dios no tienen nombre