in

Arriar e izar. Por Manuel Romero, tor

serHoy el evangelio de Juan hace una comparación extraña y contradictoria: Jesús como una serpiente y la cruz como un estandarte.

Y no sólo el evangelio, toda la Palabra de Dios nos ofrece hoy unos contrastes que se nos antojan imposibles. Sin embargo, en este tiempo de reflexión -que propicia la Cuaresma-, hemos de arriar nuestras lógicas para acoger las contradicciones que posee nuestra vida.

Evidentemente, que Jesús se nos muestre colgado de un madero y se nos compare a una serpiente suspendida en un estandarte, provoca una cierta desazón. Y, sin embargo, Jesús fue despreciado, repudiado y considerado dañino como lo ha sido la serpiente desde los tiempos originales de Adán y Eva. Jesús elevado en la cruz -patíbulo de los criminales- y la serpiente izada en un estandarte -a causa de su veneno-.

En la antigüedad no se conocían las vacunas, pero se usaba el veneno de ciertas serpientes como antídoto a infecciones. De la misma forma, la cruz aparece como antídoto a la condenación, como posibilidad de “vida eterna” y demostración del amor de Dios.
El otro contraste lo encontramos en la deportación, que los judíos sufrieron a Babilonia, y la destrucción del Templo, a manos de Nabucodonosor. La deportación fue situación de cruz y sufrimiento para un pueblo que se resquebrajó, que perdió su estructura y casi su identidad. Y, sin embargo, fue un rey extranjero, Ciro de Persia, el que -en el año 537 a.C.-, les permite regresar a Jerusalén y restaurar el culto. Y, de nuevo, el veneno se convierte en medicina, y la cruz en salvación.

Ambas son pura contradicción para nuestra lógica y nuestra manera de pensar; que preferiría no pasar por la cruz, ni por la herida, ni por el desierto, para crecer.

Tampoco lo entendió la razón humana de Jesús ante el sufrimiento y la traición que, sobre él, se cernía. Y, sin embargo, afrontando lo que le sobrevino, se convirtió en posibilidad de unión más profunda con el Padre y en salvación para nosotros. Este es el tercer contraste; que Dios nos regaló la salvación, “por pura gracia”, a una humanidad que no se lo merecía; a ti y a mí que nos rebelamos ante cualquier contratiempo.

Este gesto de Dios nos pone en guardia sobre el rechazo inmediato que hacemos de las contradicciones de la vida, los contrastes en nuestra manera de ser, las decisiones ilógicas que se toman -sobre nosotros-, la enfermedad que nos acaece -en el peor momento de la vida-, la ruptura que menos esperábamos, el cambio de paradigma en la política o la justicia social. Contrastes que nos dan vida y nos mantienen activos en el camino.

En estos días de Cuaresma podemos seguir con los ojos cerrados -como los niños que tienen miedo a la oscuridad- o acoger lo extravagante, lo ilógico, lo irracional que se nos presenta.

Si acogemos el cambio y lo novedoso, el Espíritu Santo nos dará una luz con la que comprender los sucesos de nuestra vida como posibilidades para crecer y para el bien de nuestros hermanos.

cruz-clavada-serpiente-L-6RhZyXNo hay que ser ingenuos: para eso hay que pasar por el bloqueo inicial, el destierro de nuestros criterios y la picadura de la serpiente. “El que cree esto, no será condenado” al sinsentido, sino que comprenderá que “sus obras -su vida- está tramada según Dios”. El que lo acoge así ha de ser consciente de que llegará la ocasión en la que será izado -como Cristo en la cruz- para demostrar el amor.

Via LCDLP

Comentarios

Leave a Reply

One Ping

  1. Pingback:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cargando...

0

Comentarios

0 Comentarios

Escrito por Redacción

Misericordia, la verdadera reforma de Bergoglio

Dios ama al mundo. Por Jose A. Pagola