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Aprender a Ver: Todo es Santo

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San Buenaventura tomó la intuición espiritual de Francisco y lo hizo en una teología.

Él enseñó que hay tres libros de los cuales podemos aprender la sabiduría:

1) El Libro de la Creación,

2) El libro de Jesús y la Escritura,

3) El Libro de la Experiencia.

 

También enseñó que hay tres pares de ojos.

El primer par de ojos ve todas las cosas como un vestigio de Dios.

El segundo par de ojos son el duro trabajo de honesto autoconocimiento y la conciencia de cómo está viviendo momento a momento la realidad. Esto es necesario para mantener su propia mirada limpia y abierta, y es el trabajo de toda su vida.

El tercer par son los ojos de la contemplación, que le permiten ver las cosas en su esencia y en su significado básico. Sólo entonces se puede recibir la imagen transmitida de Dios en su alma.

«Un abismo llama a otro abismo», como dice el salmista (42: 8), y podrá, entonces, mirar todas las imágenes exteriores y evocar su propia imagen divina interior.

En su libro, El viaje del alma hacia Dios, Buenaventura dice que debemos «empezar desde abajo, presentarnos al mundo material, viéndolo como un espejo por el cual podemos pasar a través de Dios, el artesano Supremo.»

Buenaventura enseña que para ver realmente las cosas, debemos «reconocer todas las cosas materiales en su origen, su proceso y su final.»

 

Todo viene de Dios, es un ejemplo de Dios, y luego vuelve a Dios.

Ilia Delio, Keith Douglass Warner y Pamela Madera [1] nos explican cómo esta espiritualidad franciscana conduce al cuidado de la creación:

«La vida de Francisco nos muestra que para apreciar el libro de la creación tenemos que llegar a conocernos a nosotros mismos como criaturas de Dios y como criaturas de la creación. Sin conocimiento propio, no puede haber un conocimiento real de la creación como nuestro hogar y el vientre del cual nacimos. Sin la persona humana para dar voz a la creación, para celebrar su talento y lo sagrado, la creación se vuelve “muda” y vulnerable a la manipulación.

«La clave de la santidad de la creación, por lo tanto, está en la identidad humana – lo que somos en nuestro Creador, la Trinidad del amor divino.

Esta identidad se nos revela en Jesucristo, la Palabra en los cuales fuimos hechos de carne.

Si Dios está  vivo en nosotros, como en Francisco, entonces estamos vivos al mundo de la creación buena de Dios. Sin embargo, si Dios ha muerto en nosotros, entonces estamos muertos al significado más profundo de la creación también.

«Francisco se dio cuenta de que Dios humildemente se anonada en el amor y se esconde en los seres simples, ordinarios, frágiles.  Así también debemos darnos cuenta de que Dios está en medio de nosotros. Sólo cuando podemos reconocer a criaturas como lo que ellas son -expresiones del amor desbordante de Dios – podemos reconocer la fuente de nuestras propias vidas.

 

El amor que dio a luz a todas las criaturas es el mismo amor que nos ha traído a la existencia.

Esto es lo que Francisco reconoció, la fuente luminosa del amor de Dios revelado en Jesucristo.

 

Nosotros estamos llamados a vivir en esta fuente luminosa del amor «.

 

[1] Ilia Delio, Keith Douglass Warner, and Pamela Wood; Care for Creation: A Franciscan Spirituality of the Earth (St. Anthony Messenger Press: 2008); 52.

 

Traducción al español del texto en inglés y edición: Daniela Pelussi

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Escrito por Redacción

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