in ,

Aplicando la Laudato si’: la Nueva Economia Institucional

VT-ES-ART-41448-sanfrancesco_bisSi en el trasfondo técnico de la Caritas in Veritate encontramos la llamada Economia Civil, en Laudato si’ (139, 142) se perfila como una componente decisiva de la Nueva Economía Institucional: «En ese sentido, la ecología social es necesariamente institucional, y alcanza progresivamente las distintas dimensiones que van desde el grupo social primario, la familia, pasando por la comunidad local y la nación, hasta la vida internacional«.

La Nueva Economía Institucional (NEI) es una denominación bajo la que se configuran puntos de vista distintos, unidos por considerar que las instituciones son decisivas para el desarrollo económico. Este enfoque no determina que las instituciones son las grandes responsables de que todo funcione mejor o peor, sino que además ofrece una perspectiva de la economía mucho más real que la que presenta el pensamiento neoclásico.

En contra de los supuestos abstractos de la teoría neoclásica pura, como el disponer de información perfecta, la eficiencia de los mercados y de la expectativas racionales, en la economía neoinstitucional, los agentes de decisión económica, aun operando según el paradigma de la «racionalidad instrumental”, se comportan en sus decisiones conforme a la limitación de la naturaleza humana.

Para los neoclásicos sólo las proposiciones científicas pueden ser objeto de análisis mediante la razón, pero nunca las metas, los propósitos, las convicciones éticas, las preferencias y los deseos, ya que se les supone un carácter arbitrario. Nada se puede decir racionalmente sobre valores porque quedan fuera del ámbito de la razón, y hacen referencia a cuestiones morales, que obedecen a preferencias individuales. Esta concepción de la economía, sujeta a la ontología liberal de la que surgió, le impide reconocer que existe en la práctica económica mucho mas que individuos que buscan maximizar su beneficio. En cambio, otros enfoques no solo institucionalistas, como el caso relevante de Gurnar Myrdal en la economía, Raz en el derecho, y MacIntyre en la filosofía, afirman que los debates sobre cuestiones valorativas, también las morales, se basan en argumentos racionales, y éstos pueden ser objeto de evaluación o crítica sobre la base de su consistente o débil fundamentación. Así, la falta de moralidad de los otros agentes en la transacción cobra importancia económica, como sucede con la corrupción.

Mas allá de sus orígenes, la teoría económica neoinstitucional tiene un nombre propio, que hoy representa la corriente principal. Se trata de Douglas North, quien ha contribuido decisivamente a configurar un cuerpo de pensamiento propio, diferenciado del enfoque neoclásico, tal y como se refleja en su obra central, “Understanding the process of Economic Change[i], publicado en 2005, en la que se realiza una severa crítica a aquella teoría económica, responsabilizándola de la incapacidad creciente de los economistas para entender los procesos de cambio económico en la historia humana.

North advierte de que “la realidad de un sistema económico-político no es conocida nunca por nadie, pero los humanos construyen creencias sobre la naturaleza de esa ‘realidad’ – que son a la vez un modelo positivo de la forma en que el sistema funciona y un modelo normativo sobre cómo debería funcionar.”[ii] La economía, en cualquiera de sus concepciones, constituye una creencia. La cuestión de fondo que plantea es por qué un modelo positivo escoge determinados factores y desdeña otros y cómo esto influye en la visión normativa.

A partir de North, el institucionalismo traslada el eje de la economía, como ciencia que trata de asignar recursos escasos, al ámbito de la resolución de los problemas planteados por la sociedad. Bajo este punto de vista, se concibe como la ciencia de la provisión social, que identifica los obstáculos y propone los caminos para poder mejorar el flujo de bienes y servicios de toda la colectividad. Ella no fija los objetivos, sino que articula la forma de conseguir los fines.

Las creencias juegan un papel clave en el mantenimiento y evolución institucional de las sociedades, especialmente las relacionadas con los liderazgos políticos, económicos y mediáticos que determina el desempeño económico. En la Nueva Economía Institucional, el comportamiento de los agentes económicos está influenciado por sus convicciones, sus valores, y su ideología, y por los códigos éticos y las asunciones morales que influyen en las acciones de los individuos. Si la sociedad prima como resultado de éxito sólo la ganancia, y además sin limites, y no reconoce el valor económico de la donación, el servicio, la reciprocidad y el comportamiento virtuoso, los costes de transacción tenderán a crecer, lo que exigirá mayor intervención política que, a su vez, los hará aumentar.

La actual crisis económica es producto en gran medida de las creencias de los actores políticos y económicos relativas a la eficiencia de los mercados, particularmente los financieros, a la racionalidad de los agentes que operan en ellos y de los comportamientos oportunistas. Vale la pena recoger este trasfondo técnico desde el punto de vista de algo que resulta decisivo: como Laudato si’ opera transformaciones de la realidad

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cargando...

0

Comentarios

0 Comentarios

Escrito por Redacción

“Servir al pobre y al más pequeño, es servir a Jesús”, el Papa a los Religiosos cubanos

La OFS de España se suma al Movimiento Católico Mundial por el Clima.