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Aparentar lo que no se es. Por fray Manuel Romero, tor

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Aparentar.

Hace ya unos días que ha cambiado el rol de un amigo en su empresa. La responsabilidad es la misma y el puesto de parecida categoría. Sin embargo, ahora aparece un escalón más en el organigrama de la organización. Y claro, no dejan de lloverle parabienes, propuestas de citas y entrevistas para ver si “puede hacer algo” por el hijo de tal o la hija de cual.

Esto es tan viejo como el evangelio. Lo vemos en la escena que nos relata Marcos. Jesús es confundido por los suyos atribuyéndole roles que no le definen: ni es una reencarnación del Bautista, ni la reaparición misteriosa de Elías, ni es un mero profeta surgido ante la situación política. ¡No dan una! Su rol de Maestro les impide conocerle de verdad. Les puede la apariencia.

Algo de eso nos sucede cuando atribuimos a Dios y a su Hijo los papeles de: solucionador de problemas, sanador de terminales, pacificador en las afrentas y sustentador ante los desastres. Sin convivir con Él, creemos conocerle y claro, ¡no damos una! Le conocemos por lo que otros nos han contado; y sabemos de Él lo que un vecino le cuenta al otro del presidente de la comunidad.

Pero hete aquí que uno acierta. El “lanzado” de Pedro. Y acierta con la misma calidad que nosotros cuando recitamos las verdades del Credo o pronunciamos frases ortodoxas sobre Dios. ¡Nada! Por eso -y no por otra cosa- surge el altercado de Pedro con Jesús. Consigue buena nota en religión, pero le confunde el rol. Jesús no es lo que se supone que ha de ser un Mesías. Es más que un candidato político, un cooperante o un voluntario.

Es el Hijo de Dios que ha venido en carne para enseñarnos a vivir humanamente. Y parte de su enseñanza es la de asumir y comprender lo que somos y no dejarnos hundir por su frágil apariencia. Se fragua en esa tentativa de acoger la voluntad del Padre negando la suya propia: “El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”.

Eso sí que rompió el molde de Mesías y desconcertó el rol de Dios que tenían aquellos discípulos. Y Pedro, claro, Pedro… ¡qué susto se llevó al ser comparado a Satanás! Pues como Jesús al ser comparado a un Mesías mundano. O ese amigo mío al ser considerado como la ministra de trabajo.

Via LCDLP

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Escrito por Redacción

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