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Antonio, el fraile de Padua

Via MSA

por Fray Javier

Queridos lectores el 13 de junio recordamos a nuestro querido Santo. Nos dice fray Virgilio Gamboso, Antonio vivió una serie interesante y muy numerosa de desplantes y trasplantes, comenzando como ruptura con el ambiente familiar perplejo y hostil. Lo vemos capaz de firmeza unida a diplomacia, no sólo cuando se aleja sin dejar residuos de conflictos insuperables con los jóvenes padres y sus proyectos sobre el dotadísimo primogénito; cuando deja la canónica de San Vicente para pasar a la de Santa Cruz, cuando abandona esta forma de vida religiosa para unirse a la aventura de Marrakech, que se presentaba cruenta, y así sucesivamente”.
Antonio nace en Lisboa con el nombre de Fernando Martín en 1191-92, la tradición nos dice que es el 15 de agosto, fiesta de la Asunción de la Virgen, a quien amó durante toda su vida. Sus padres fueron Martín de Alfonso, caballero al servicio del rey de Francia Alfonso I, descendiente de la familia de los Bouillón, su madre María de la familia Taveira también familiar del rey de Asturias, lo que refleja la estirpe de Fernando. Aunque el camino que va a recorrer Fernando hacia la santidad no es por medio de este linaje, sino que seguirá las huellas de Jesús de Nazaret, quien le enseñará que sólo en él se puede encontrar la Verdad y la Vida.
Desde muy joven fue un fiel oyente de la Palabra de Dios y la conservaba en su corazón, esta palabra que echó sólidos cimientos al edificio de su vida espiritual y conservó la pureza de su cuerpo y alma hasta el final de su vida.
Ya convertido en fraile franciscano Antonio pasará los últimos años de su vida en Padua, tanto fue el enamoramiento de Antonio con esta ciudad como con sus habitantes que hoy podemos leer junto a su nombre el nombre de esta ciudad, Antonio el minorita, el franciscano de Padua. La ciudad universal lo entusiasmó y él la amó, ella lo acogió y después de 800 años sigue acogiéndolo en sus entrañas.
El 13 de junio de 1231, un viernes, Antonio se desvanece, la enfermedad, el cansancio y los achaques de la vida minorítica son los que pesan en sus hombros. Colocado sobre un carro retorna de Camposampiero a Padua, donde quería reencontrarse en el lugar de Santa María. En el camino sus fuerzas no resisten más y los hermanos deben hacer un alto en la Arcella, junto al convento de las damianitas de Santa Clara. Después de recibir la absolución de sus pecados entonó el himno “Oh gloriosa Señora”, mientras tanto se iba apagando su vida, uno de los allí presente le pregunta “¿qué ves?” y él responde “veo a mi Señor”, así termina la vida terrenal de Antonio de Padua y comienza la nueva historia de San Antonio de Padua, el Santo…
Queridos hermanos la vida de nuestro querido Antonio ha sido una entrega total a Jesús, a quien descubrió en los más débiles y pobres de su sociedad, hoy también nosotros estamos llamados a la santidad y a dejar todo lo que nos ata en este mundo para seguir a nuestro Maestro que nos quiere llevar por un camino distinto un camino donde sólo él es el Camino, la Verdad y la Vida.
Que Jesús nuestro hermano nos ayude a descubrirlo en los que hoy nos están necesitando y así podamos decir al igual que Antonio al final de nuestras vidas “veo a mi Señor”.
¡Paz y bien!

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Escrito por Redacción

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