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Antonio Bellido: La Perfección

Via Actualidad Extremadura

“Santificaos y sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo” (Lev 20, 70)
“Esta esperanza que hemos puesto en él es la que nos urge a ser cada día más perfectos, como él es perfecto” (1 Jn 3,3) – La santidad no es un lujo, un adorno, un plús de perfección. La santidad, que no sólo es ausencia de pecado, sino identificación con Cristo, debería ser el estado natural/sobrenatural y común a todos los bautizados. El bautismo consagra, convierte en sagrada la carne inundada por el Espíritu. Creer que hemos entrado en la Familia divina, “pertenecientes a la misma naturaleza divina de Dios”, es una gozada. (cf 2 Pe 1, 4).
Pero todo es por pura Gratuidadde Dios.

– Creer en el Padre común que nos sostiene, en el Hijo que nos redime, en el Espíritu Santo que nos santifica, es descubrir el misterio del amor, la riqueza que no se agota. Pero Pablo nos avisa:

“Se trata de un tesoro que guardamos en vasija de barro, a fin de que nadie ponga en duda que la fuente de este poder extraordinario está en Dios y no en nosotros” (2 Cor 4, 7). Somos barro, pero barro consagrado. Somos “poco inferior a los ángeles”. Es verdad y es mucho. Pero por los ángeles ni se ha encarnado, ni ha muerto Jesús.

Por nosotros, sí. Me amó y se entregó a la muer-te por mí. Él es nuestra atmósfera y nuestra sustancia, la VIDAque nos da vida. “Para eso he venido para que tengan viva y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10). Ser santos es vivir la vida de Dios, la vida de Gracia. Es tener “la vida escondida con Cristo en Dios” (Col 3, 3).

– Ser santos es vivir en despojo permanente, libres de las miserias infra-humanas, arriesgar todas nuestras seguridades, vivir a la intemperie, fiarse radicalmente de Dios. Ser santos es dejarse santificar, moldear como barro sumiso en manos del Dios Alfarero (cf Is 64, 7). Sin condiciones.

Alguien dijo: “La condición para seguir a Jesús es seguirle sin condiciones”. Con gratitud. A veces no es que demos o no demos, es que hasta podemos convertirnos en ladrones de la gloria de Dios.

– Ser santos es ser índice, medio, “camino que se utiliza y se olvida” (P. Claudel). Es ser testigos de la transcendencia, de la verdad, del evangelio sin glosas como quería san Francisco de Asís. Un evangelio sin edulcoración. Ser transluz de Dios, voceros de su Palabra que nos envía como al profeta: “Adonde yo te envíe irás; y todo lo que yo te ordene, dirás” (Jr 1, 7). Ser santos es ser peregrinos de la fe, profetas en el sentido etimológico de la palabra:

El que habla en nombre de otro, aquí en nombre del absolutamente OTRO.

– El que practica el bien es santo, como Jesús es santo  (1 Jn 3, 7). Porque la santidad no consisteen palabras que se las lleva el viento, no consiste en rezos fríos, mecánicos, interesados. Lo dijo Isaías y lo asumió Jesús: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está muy lejos de mí” (Is 29, 13). La santidad está en las obras.

“Obras son amores, no buenas razones”, se dijo. Jesús pasó por esta historia haciendo el bien. Y este hacer el bien lo condensó en una afirmación y en una misión: “El Hijo del hombre no ha venido para ser servido, sino para servir y dar su vida en pago por la libertad de los hombres” (Mt 20, 28).

– Ser santos es vivirla GRACIA, sangre del espíritu y des-vivirsepor el prójimo. Los santos servían sin descanso, y eran alegres. Bellamente lo explicó un poeta indio que rondó y rozó la fe cristiana:

“Yo dormía y soñaba que la vida era alegría. Desperté y vi que la vida era servicio. Serví y vi que el servicio era la alegría” (R. Tagore).

No conozco ningun santo instalado en el confort, cerrado a la realidad circundante, dejándose servir, ni de la cofradia del sacerdote y del levita del evangelio camino de Jericó. No conozco ningún santo que se crea santo. Ysi los descubriera se resquebrajaría mi fe en la Iglesia.

– No soy santo. Es fácil demostrarlo:

• Sé que el Bautismo me ha consagrado, pero no vivo las relaciones filiales, fraternales y esponsa-les con intensidad y con amor radical.
• Creo en Dios. Pero mi vida no está transida de Dios. No hay ósmosis entre Dios y yo.
• No soy barro enamorado. No me dejo moldear por el Dios Alfarero. Me resisto.
• Creo en el evangelio, pero no hasta el punto de vivirlo en plenitud.
• Predico de Dios, pero no soy “pro-feta” que anuncia y denuncia sin complejos.
• Hago el bien, pero “miro a quien” Yno sirvo sin reloj, sin fronteras.
• No  tengo la alegría evangélica, no contagio y a veces me puede la tristeza, que en el fondo nace de la desconfianza, del apego a los bienes de la tierra, del temor al futuro, de mi poca fe en la Providencia.

– No. No soy santo. Apenas aprediz. Me cuesta creer en la posibilidad de serlo. Apesar de todo oigo en mi corazón: “El Padre os ama” (Jn 16, 27). No soy santo y casi me da miedo de serlo.

Perdón, Señor.

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Escrito por Redacción

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