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Algunos hombres y mujeres buenos

En este mundo neoliberal.com donde todo se compra y se vende, un ‘ejército altruista’ de hombres y mujeres dan y sobre todo se dan sin pedir nada a cambio. Cuatro misioneros vascos relatan a DEIA cómo han hecho de su espíritu de servicio una esperanza para miles de africanos 

msioneros-deia_3497_1AUNQUE parezca que solo existen cuando les ocurre algo noticiable (y más si es negativo), como ha sucedido con el padre Miguel Pajares y su muerte por el virus del ébola, los misioneros y misioneras siguen siendo en el vivir cotidiano de muchos pueblos la punta de lanza que permite a miles/millones de pobres, de las tierras más pobres mantener un hilo de esperanza para no despegarse del todo del ritmo del desarrollo que Gobiernos e instituciones públicas del Norte, en connivencia con los suyos propios, les suelen regatear, cuando no directamente escamotear.

Algunos países del Sur solo son visibles para el Occidente desarrollado cuando plagas como el ébola o la malaria llaman a su puerta o cuando vemos repleta la isla de Lampedusa o los continuos escarceos en las vallas fronterizas de Ceuta y Melilla o los cayucos en las playas canarias y/o andaluzas.

A pesar de que algunos aún les satiricen con la amalgama de la espada y la cruz, la labor de las organizaciones religiosas hace ya muchos años que su entrega personal en el continente negro, en América Latina, Asia, Oceanía… es el único camino para evitar que miles de personas tengan que huir de su miseria e inestabilidad. La presencia de estos religiosos/as es la garantía de que algo del desarrollo que aquí disponemos les llegue en forma de escuela, hospital, sanidad, alimento, infraestructuras, trabajo… algo que, al parecer, los gobiernos e instituciones públicas son incapaces de hacer en justicia, lo logran realizar de modo solidario este ejército altruista de hombres y mujeres armados de fe, de ilusión y de ganas de ayudar. Ellos han acudido al origen mismo del problema para tratar de solucionarlo.

“Más que el ébola mata la malnutrición”

Misionero diocesano durante más de 37 años en Ruanda, Juan Cruz Juaristi mantiene su contacto con el pequeño país centroafricano. El zarauztarra, delegado de misiones diocesanas, vive con dolor la tragedia que se ceba en Liberia por el ébola y que se extiende por otros países colindantes, “aunque el principal problema de África no es este temible virus; lo que mata es la malnutrición, la malaria, el dengue y otras dolencias que en nuestro primer mundo serían curables” relata a DEIA en su pequeña parroquia de Elgeta de la que se hizo cargo al regresar en 2001 de su añorada Ruanda. Juaristi fue uno de los cinco misioneros guipuzcoanos que vivió en abril de 1994 uno de los episodios más aberrantes, sanguinarios y atroces de la historia reciente: el genocidio ruandés que provocó 800.000 muertes en cinco meses, en el que el 85% de la población hutu exterminó al otro 15% tutsi. “La misión evangelizadora te lleva a ser humanizador; por eso los dos pilares de nuestro trabajo allí, al tiempo que el anuncio del Evangelio, han sido y son la salud y la enseñanza”, dice emocionado al recordar a sus compañeros Isidro Uzkudun, asesinado en su casa en una zona rural alejada de Kigali, y a José Ramón Amunarriz, fallecido en un más que dudoso accidente de coche. La última vez que regresó a Ruanda hace seis años encontró grandes cambios pero solo en la capital. “Tras el genocidio el país recibió muchas ayudas pero no fueron a parar a los pueblos donde la pobreza sigue creciendo en este pequeño país superpoblado”. Ademas, añade con pesar, aunque hay una convivencia estable, el odio enraizado entre los hutu y tutsi sigue latente. “Veinte años después no se ha producido una reconciliación verdadera”, sentencia.

“Lo peor es el injusto reparto de la riqueza”

Antes de ser destinada a Malabo, la misionera navarra estuvo más de 40 años trabajando en Chile. “Cuando me dijeron que tenía que poner rumbo a África me sentí feliz, porque siempre me he ofrecido para ir a misiones”, dice Carmen Nuin con su dulce voz. La religiosa salesiana volvió de Guinea Ecuatorial a su Iruñea natal hace dos meses. “Vine para recuperar fuerzas, pero al hacerme una analítica me detectaron leucemia en estado avanzado; sé que me queda poco tiempo de vida”, apunta sin perder la sonrisa, pero triste porque sabe que no podrá regresar a la congregación salesiana presente en Malabo desde 1988 y donde ha permanecido los tres últimos años y en la cual ha sido inmensamente feliz ayudando en el colegio salesiano que aglutina a más de 900 niños/as. “Allí entran a los tres años y se les forma hasta que van a la universidad: es una gozada capacitarlos para que luego saquen adelante a la familia”, se sincera. “Me encantaría volver a Malabo, pero a mis 77 años sería un estorbo”, reconoce, al tiempo que critica que solo se hable de África cuando ocurren tragedias. “Lo más grave de los países africanos es la injusta distribución de la riqueza y el saqueo de sus recursos por las grandes potencias y multinacionales”, dice. “Si quisieran EE.UU. y los países europeos podrían mandar millones de fármacos y sueros milagrosos a África. Lo que ocurre es que es que falta voluntad política para sacar de la pobreza alcontinente negro para que su gente no tenga que saltar vallas en busca de una vida digna ”, añade con dolor.

“El Congo tiene la desgracia de ser rico”

En enero hará 50 años que el misionero diocesano Luis María Gerrikagoitia pisó el Congo donde vivió 25 años. Problemas familiares motivaron su regreso a Euskadi, pero se le hizo imposible quedarse aquí sin echar una mano a los compañeros que había dejado allí. “En las vacaciones vuelvo para trabajar en los proyectos educativos que tenemos”, dice este bilbaino al que le sobra alegría, aunque no logra olvidarse de la miseria en la que viven millones de africanos. Gerrikagoitia acaba de regresar de la misión en República Democrática del Congo a 400 kilómetros de Lubumbashi, la capital de Katanga, una provincia muy rica en cobre. “Estamos en plena selva. Entre las hermosas cosas que hemos hecho ha sido formar a jóvenes que son una joya, no solo intelectualmente, sino con conocimientos de la vida para superar el temor que tiene la gente sin formación hacia los espíritus/hechiceros fomentado por intereses espurios. El cambio en estos años de labor misionera ha sido brutal”, dice satisfecho.

La malaria, la infraalimentación son sin duda los grandes males de África “Además, el Congo tiene la mala suerte de ser uno de los lugares más ricos del planeta con muchos cuervos dentro y fuera del país: otras zonas no disponen un subsuelo repleto de riqueza y sus dirigentes no tienen la suerte de poder explotarles sin piedad”, recalca indignado Gerrikagoitia.

A este bilbaino “por la gracia de Dios” se le parte el corazón al ver a los a los jóvenes saltando la valla de Melilla y Ceuta. “Exponen su vida porque no tienen nada que perder. Las gentes del Congo, el mayor productor de coltán del mundo, ven cómo las guerrillas con los gobiernos de turno les roban sus riquezas delante de sus narices sin poder hacer nada”.

“El mundo tiene que dejar de robar a África”

El viernes, día de su patrono, Ignacio Elizari cumplió 75 años. De 1965 al 2000 la vida de este misionero de Noain transcurrió en la República Democrática del Congo. “Voy y vengo porque tenemos proyectos financiados por el Gobierno de Navarra”, explica en Barañain donde residen los Padres Blancos. “Estos días parece que solo existe el ébola en África y los medios se olvidan de que la malaria es el cáncer de este continente olvidado”, apunta molesto. “Además, el ébola no es de ahora; existe desde hace muchísimos años, pero no salía de África. Por eso ¿qué se ha hecho en investigación para encontrar remedios ? Nada”, remacha contundente.

Elizari trabaja en el noroeste del Congo, al norte de Sudán y al este de Uganda. “Estamos a unos 2.000 kilómetros de Kinsasa. Ahora no tenemos más que un misionero nuestro, Jesús Jimeno, del Roncal; quedamos cuatro gatos. Lo positivo es que el relevo viene de los misioneros congoleños”, dice contento, mientras recuerda a sus dos hermanas misioneras, una en Taiwan y la otra en Perú. ¿Por qué no despega África ? “Por la terrorífica corrupción que está en el origen de todos los conflictos. Luego los países ricos tendrían que dejar de robarles y, por supuesto, el pueblo debe evitar que sus gobernantes sean unos auténticos sátrapas y explotadores”.

Los Padres Blancos cuentan en el Congo con un hospital y trece escuelas con 5.000 niños y tienen varios proyectos en marcha con Manos Unidas.

Via DEIA.com

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Escrito por Redacción

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