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Mons. Agrelo: «Nadie tiene derecho a cerrar el camino hacia el futuro a una persona y menos los Gobiernos, que están para ayudar»

«No tienen papeles, pero tienen hambre». Esto dice Santiago Agrelo, obispo de Tánger, sobre los emigrantes que tratan de cruzar a España. Ya sea desde Marruecos, desde Roma o desde Santiago, desde hace 39 años, este franciscano regresa a su Rianxo natal en septiembre para predicar la novena a la Virgen de Guadalupe, a la Rianxeira. El pasado, martes, estuvo en A Coruña, en el centro Padre Rubinos, donde ofreció la conferencia: En las fronteras del sur de Europa se vulneran los derechos humanos. «En realidad vamos hablar de emigrantes y de extranjeros», resume.

-Se implicó mucho con ellos…

-Los inmigrantes me han implicado. En Tánger los tienes a la puerta de casa. Marruecos es un lugar de tránsito y ellos sobreviven como pueden. Adonde acuden con más naturalidad es a la iglesia, es lógico. Te los encuentras en casa y te implican.

-¿Van a su casa?

-Cuando llegué a Tánger, hace nueve años, iban a Cáritas. Ahora van a la delegación de emigraciones que se creó para poder ofrecerles una atención más especializada, más cualificada.

-Usa frases fuertes como que no tienen papeles pero sí hambre…

-Eso es de sentido común. Se trata de jóvenes, tienes delante una humanidad en busca de futuro. Son de casi todos los países al sur de Sáhara: Senegal, Camerún, Congo, Mali, Guinea Conakry… El drama de estos chicos es que no hay salida, todas las puertas se les cierran. Y eso a mí me lleva… a una rebelión. No voy a decir que me llevan los demonios [risas]. Nadie tiene derecho a cerrar el camino hacia el futuro a una persona y menos los Gobiernos, que están para ayudar.

-Ha bautizado a gente que luego murió en las pateras…

-Esta Vigilia Pascual he bautizado a doce emigrantes subsaharianos. ¿Cuál es su futuro? Sé que mañana pueden estar muertos en la frontera de Ceuta, en el Estrecho o en cualquier sitio. Eso ya no lo piensas. Ver la ilusión que tienen, la fuerza, el sacrificio del que son capaces… Eso anima, te dice que hay humanidad en la que creer. Yo en esa humanidad creo; hay otra en la que me cuesta creer.

-¿Qué le enfada más: la verja, las cuchillas…?

-Le cuento lo último. Vamos todas la semanas al monte de Beliones, el que está alrededor de Ceuta, a llevar alimentos a los que están allí escondidos. Esta semana fueron dos colaboradores y cuando llegaron al sitio el Ejército estaba metiendo en furgonetas a los chicos. Temo que los hayan localizado porque nosotros tenemos que llamarlos antes por teléfono, varias veces, para que se hagan visibles. Están perseguidos, acosados. Tú haces una llamada telefónica para llevar un pedazo de pan a quien no tiene nada y esa llamada puede servir para arrestarlos. Es una sospecha que me atormenta.

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-¿Qué pasará con toda esa gente?

-Si la sociedad toma conciencia del problema, los políticos tendrán que cambiar. La política emigratoria en la Unión Europea, en general, es una política… no sé si usar la palabra criminal, pero, dado el número de muertos que produce, lo es. Hablo de la política. Los políticos están ciegos porque la sociedad en este problema se mantiene en un tono de indiferencia alarmante.

¿Y la visita del papa a Lesbos?

-Eso me parece formidable, me parece una bofetada a la política europea. El papa a los políticos no les da bofetadas, pero a la política sí. Es una toma de posición ante un problema, las cosas no pueden ser así…

-¿Usted seguirá en Tánger?

-Cumplo la edad canónica, 75 años, el año que viene y presentaré mi renuncia.

-Siendo joven, en Santiago ya visitaba presos…

-¡Huy! ¡Dónde va eso! Era estudiante y los domingos iba con un compañero a una cárcel que había en el edificio de Raxoi. La primera vez que entré había un chico que se llamaba Pedro; me recibió a blasfemia limpia, pero nos hicimos muy amigos. Había una ventana con cristales rotos; agarró uno, me cortó el brazo, se cortó el suyo, juntamos los brazos y nos hicimos hermanos de sangre. No sé lo que habrá sido de él. Si vive, tendrá 70 años, como yo.

Via Franciscanos.es

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Escrito por Redacción

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