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Adviento: Salir de sí

Por fray Manuel Romero, tor

El Isaías nos invita a subir al monte de la casa del Señor, a un lugar elevado donde “confluirán todas las naciones”. Y la razón está en que de ese lugar, de Sión, “saldrá la ley, la palabra del Señor”, con la que se juzgará a todas las naciones.

Nosotros peregrinamos en estos días a los grandes almacenes y a las tiendas para tener todo dispuesto para la Navidad. El Adviento, como tiempo litúrgico, ha quedado reducido a un contenido eclesial y educativo para iniciados. Vacía de contenido la Navidad social, no se comprende una preparación próxima para la llegada de Cristo. Lo que nos llegan son miles de mensajes que, fruto de la propaganda, pretenden dar sentido familiar a unos días de vacaciones con muchas compras y con una estética de verde y rojo.

Parece que los reyes judíos de la época del profeta peregrinaban a las cortes de los países punteros de la época -Asiria y Egipto- para recibir seguridad y poder comerciar. El poder se percibía en esas grandes potencias y no en Yahveh o emanado del monte Sion. Y les fue mal; se pusieron en manos de fieras que los desgarraron con guerras y los abocó a la pobreza.

“Dios vendrá”. Ese fue el slogan que esgrimieron los profetas para animar al pueblo. Se repitió en los días anteriores a nacer Jesús. Y la Iglesia lo formula -de miles de formas- antes de la Navidad. Y escucha quien quiere… antes, en la época de Jesús y después. Mientras tanto, el resto come, bebe, trabaja, paga letras, se opera de algo, estudia inglés o hace deporte.

“Estad en vela”. Es lo que el evangelio aconseja a los seguidores del Maestro para reconocerle al llegar y estar dispuestos a recibir su Salvación. Una recomendación para todos aquellos que viven sin darse cuenta de que las guerras, las injusticias, los desplazamientos de gentes y la contaminación se agravan mientras miramos los escaparates navideños.

Este año, cuando venga el Hijo del Hombre, ¿con qué nos va a encontrar entre manos? ¿Hacia dónde va a encontrar nuestra mirada? Y, ¿a quién le habremos entregado el corazón? Para que “las espadas se conviertan en arados y las lanzas en podaderas”, hace falta más que un deseo escrito en un Cristma. Para que no se alce “pueblo contra pueblo”, es preciso algo más que unos villancicos. Para que la Paz reine es indispensable que modifiquemos muchas de nuestras costumbres y evangelicemos nuestros sentimientos.

“Cuando venga el Hijo de Hombre” se dará cuenta de quien está dispuesto a salir de sí y peregrinar para encontrarle hecho un niño, nacido donde la historia nunca lo ha esperado.

 

Via LCDLP

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Escrito por Redacción

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