Votando como católico en 2016

October 7, 2016

Desde 1972, he votado en cada una de las elecciones presidenciales. Sin embargo, nunca había experimentado unas elecciones como las de este año. Ambos candidatos dejan mucho que desear, tienen poca credibilidad y han hecho comentarios que me han erizado la piel.

El pueblo americano está hasta la coronilla de los políticos y de la clase dirigente de ambos partidos. Estando así las cosas, ¿qué es lo que los católicos deberíamos hacer cuando votemos en noviembre?

Esta es la pregunta que me han hecho los fieles, y mucho más en este año que en años previos de elecciones.

Recientemente en una discusión durante una cena con un grupo de católicos, la conversación giró en torno a la política y enseguida se volvió fuerte. Había en la mesa algunos que apoyaban a Clinton y otros que apoyaban a Trump. Todos me miraron a mí y uno de ellos me preguntó: “Arzobispo, ¿y usted qué opina?”.

En primer lugar, les compartí mi disconformidad con ambos candidatos. Luego les dije que necesitaban analizar las plataformas electorales de ambos partidos, con un énfasis en los temas de la vida humana. Los presentes en esta cena conocían bien la enseñanza de la Iglesia en temas como el de la dignidad de la vida. Ellos sabían que los católicos en buena conciencia no pueden apoyar a candidatos que aprueban el aborto. Todos estaban más o menos de acuerdo en que, cuando están de por medio cuestiones sobre la vida, los políticos católicos de los dos bandos han puesto la propia ideología por encima de su fe y de la obligación de vivir la propia fe en esfera pública.

Esta es la guía más importante que les puedo dar: permitir que sea su encuentro personal con Cristo y la Iglesia los que guíen sus decisiones políticas. Y digo esto porque creemos que esta verdad sobre nosotros mismos y el mundo en que vivimos es revelada en y a través de Él. Nuestra sociedad sufre y ha sufrido desde hace tiempo porque muy pocas personas viven una vida íntegra en la que no se vea dividido “lo personal” de “lo público”.

Este año se han dado algunos cambios importantes en las plataformas de los dos principales partidos políticos de los cuales los asistentes a la cena no estaban al tanto.

Lo más importante es que este año la plataforma del partido demócrata ha pedido la revocación de la Enmienda Hyde: una disposición aprobada por ambos partidos para ser incluida en el presupuesto federal y en otras leyes de gastos por 40 años.

La Enmienda Hyde prohíbe que el dinero federal de los contribuyentes sea usado para el aborto. Esta plataforma es agresivamente pro–aborto, no solo en materia de financiación sino en el hecho de buscar nombrar solamente jueces que apoyarán el aborto. También piden la derogación de la enmienda Helms, que prohíbe a los Estados Unidos apoyar el aborto en el extranjero.

En cambio, la plataforma del partido republicano apoya la Enmienda Hyde y, precisamente este año, ha reforzado su defensa de la vida pidiendo la suspensión de fondos para Planned Parenthood, prohibiendo el aborto por desmembramiento y oponiéndose al suicidio asistido.

Nuestra conversación luego cambió hacia el tema de la libertad religiosa, la libertad de conciencia y la capacidad de las organizaciones basadas en la fe, como la Iglesia, de practicar la caridad a través de albergues, hospitales, residencias de ancianos, etc. sin miedo a la interferencia del gobierno y gozando del respeto a los valores religiosos.

En esta misma línea, se planteó el tema del mandato del Departamento de Servicios Humanos y de Salud. La regulación obliga a proveer de métodos de anticoncepción, esterilización y algunos abortivos en el plan de salud de los empleados. Lo que más me sorprendió fue que todos los participantes en esa cena eran católicos comprometidos con su fe, y algunos de ellos no habían escuchado nada acerca de las dificultades que la administración Obama había sometido a la comunidad de las Hermanitas de los Pobres (Little Sisters of the Poor), ni sobre el litigio que esto había producido al pretender forzarlas a violar sus conciencias.

Los electores católicos deben ser conscientes de lo que dicen los partidos políticos sobre temas esenciales. El derecho a la vida es el más importante y fundamental derecho ya que la vida es necesaria para cualquier otro derecho o asunto. Hay otros temas que pueden ser debatidos legítimamente entre los cristianos – como cuáles políticas son las más efectivas en el cuidado de los pobres – pero cada seguidor de Cristo debe oponerse en todo momento a la muerte directa infligida a un ser humano inocente. Y no hay excepciones legítimas en esta enseñanza.

La salud de nuestra nación depende del profundo respeto por la vida humana desde la concepción hasta su muerte natural y el futuro de nuestra sociedad depende de cuánto protejamos nosotros este derecho. Si no lo hacemos, eventualmente tomaremos el camino de Roma, Grecia y otras grandes civilizaciones que crecieron y luego cayeron.

Algunos, tanto en la política como en la Iglesia, han sugerido que es la Iglesia la que necesita cambiar sus enseñanzas para incluir temas como el aborto, la unión de parejas homosexuales y la eutanasia. Sin embargo, en la fidelidad a Jesucristo, al Evangelio y a la Sagrada Tradición, la Iglesia no puede cambiar sus enseñanzas sobre estos temas porque esto sería negar a Cristo. Ella se separaría a sí misma de la vid y se marchitaría, como dijo Jesucristo. Y cuanto más nos alejemos de Jesucristo y de sus enseñanzas, más vacías estarán nuestras iglesias.

Hoy estamos donde estamos porque muchos católicos y otras personas de fe han optado por los caminos del mundo y no por los caminos de Cristo. No han servido como levadura que transforma la sociedad, sino que han condonado el mal y la cultura del descarte la cual, como el Papa Francisco nos recuerda constantemente, debemos rechazar.

Si no somos capaces de hacer esto, el gobierno vendrá para llenar ese vacío. En efecto, el gobierno se convertiría en “dios” e impondría sus creencias a los ciudadanos. Basta sólo con mirar el mandato del Departamento de Servicios Humanos y de Salud de proveer anticonceptivos, o el intento del presidente Obama de implementar la agenda transexual en las escuelas públicas.
Podemos incluso llegar a ver pronto en Colorado la financiación federal del aborto y la aprobación del suicidio asistido.

Estamos siendo testigos de la dictadura del relativismo y de la erosión de la verdadera libertad. Y, como predica frecuentemente el Papa Francisco, “el diablo mete la cola”, especialmente cuando las personas ya no creen en Dios.
Por ello mi consejo a los católicos al votar en las próximas elecciones presidenciales es primero mirar quién está formando tu conciencia: Tu encuentro personal con Jesucristo y la Iglesia, -la voz de Dios que no puede contradecir la verdad o la revelación-, o la ideología de algún partido político.

En segundo lugar, mira cómo has sido fermento en la sociedad. Cómo has buscado el bien común, los valores del Evangelio, especialmente sirviendo a los pobres, a los más necesitados, a los no nacidos y a los que están muriendo. Si tú vives tu fe católica no podrás estar completamente alineado con ningún partido político, lo cual está bien.

En tercer lugar, mira a cómo la plataforma electoral de cada partido político apoya la vida humana desde la concepción hasta su muerte natural, la libertad religiosa y la libertad de conciencia, la familia y los pobres. Finalmente, vota, puesto que todo católico tiene la obligación de participar en el proceso político.

Para muchos, su voto en las próximas elecciones implicará elegir el mal menor. En la boleta electoral de Colorado también enfrentaremos el mal del suicidio asistido, conocido como proposición 106. Y conformando nuestros corazones y nuestras mentes con el Evangelio y su enseñanza clara sobre la vida, todos los católicos estamos llamados a votar “no” a esta propuesta. Un “sí” únicamente promovería la cultura del descarte y de la muerte. Seguramente escucharás mucho más en los días y semanas por venir.

Mantengamos a nuestro país y nuestro estado en nuestras oraciones diarias, y pidámosle a Dios protección y bendiciones en estos tiempos difíciles y de tanto desafío que estamos viviendo. Y con caridad, oremos por la conversión de los que apoyan la cultura del descarte y de la muerte.

Via El Pueblo Católico