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Aborto, intereses políticos que aplastan a los débiles

La defensa de la vida no da votos.
El PP al igual que el PSOE es coherente en su política al servicio del imperialismo.
Es una trágica contradicción y una hipocresía condenar el aborto y defender el capitalismo.

Ha sido noticia esta semana que el anteproyecto de reforma de la ley del aborto posiblemente no verá la luz. Estudios sociológicos recientes muestran que la ley del aborto ha sido perjudicial para los intereses electorales del PP en las elecciones europeas. Tras un largo itinerario de promesas incumplidas que ponían de manifiesto desacuerdos en el partido que gobierna, aparece ahora la razón que pudiera unificar a todos: la defensa de la vida no da votos.

Lo más sorprendente de todo es que sorprenda. ¿Alguien creyó en esa promesa electoral? Ya  contábamos con otra mayoría absoluta del PP, en la que Aznar no sólo no modificó la ley del aborto a la que se había opuesto cuando era oposición, sino que permitió que el incremento del aborto continuara la misma tendencia ascendente que había adquirido durante el gobierno socialista. Es decir, no hizo nada frente al aborto.

El PP es coherente en su política al servicio del imperialismo, esa fue su promesa electoral: ha servido a la banca de forma escandalosa, ha recortado y eliminado derechos históricos conquistados a precio de la propia vida, ha sumido a la sociedad en la desesperación del paro, de los desahucios,  del deterioro de las políticas sociales, mientras el dinero público se destinaba sin límites a reflotar los bancos que por su afán desmedido de ganancia y corrupción, han generado la crisis que una vez más están pagando en mayor proporción los que menos tienen de la sociedad.

Y es que esta economía mata, no solo en el vientre materno, sino de hambre por robo, de guerras, de explotación y esclavitud, de frontex, de corrupción, de droga, de materialismo… La cuestión del aborto hay que situarla  en el marco de una cultura contra la solidaridad y contra la vida, sostén y justificación de esta economía.

Hoy existe una auténtica conjura contra la vida humana y su dignidad. El hambre asesina cada día a más de 100.000 personas habiendo suficientes recursos. Cientos de miles de mujeres empobrecidas están siendo esterilizadas en países del Tercer Mundo, obligadas o engañadas, por empresas, gobiernos, fundaciones, u ONGs de países enriquecidos. Millones personas, sobre todo  niños, son asesinados todos los años por la miseria, por enfermedades evitables, por las guerras provocadas por la política armamentística de los llamados “países desarrollados”. La esclavitud de todo tipo condena  a más de 400 millones de niños. El   desempleo y la explotación afecta a más de 1.500 millones de personas en el mundo, provocando miseria y hambre, trastornos mentales y familiares,  incluso induciendo numerosos suicidios.

Por eso, es una trágica contradicción y una hipocresía condenar el aborto y defender el capitalismo. Capitalismo y aborto están íntimamente unidos. También es una grave contradicción condenar el capitalismo y apoyar, amparar o justificar el aborto. El auténtico progreso supone la defensa integral de la vida humana y su dignidad: supone la lucha por  la justicia frente a la explotación y el poder.

Una sociedad que legitima, explícita o implícitamente, el aborto es una sociedad totalitaria, que afirma el poder absoluto de unos seres humanos sobre otros hasta el punto de llegar a autoproclamarse dueños de la vida. Es la confirmación  de la imposición de los poderosos sobre los débiles en todos los planos. La aceptación social del aborto hace que la sociedad se haga cómplice, ampare y legitime cualquier tipo de injusticia o inmoralidad. Unas personas, un pueblo, una sociedad  configurados de esta manera están subyugados, entregados y sometidos al poder del Estado-Mercado; están gravemente disminuidos para defender la justicia, la solidaridad, la verdad y la libertad.

Ante la defensa que los grupos «antiabortistas» hacen hoy de la Ley de supuestos (Ley de Felipe González), cabe preguntarse si el rechazo de entonces fue defensa de la vida o simple rechazo al PSOE, porque la perspectiva que nos permiten los hechos de esta semana, nos induce a dudar si la defensa de la vida no ha sido utilizada con exclusivos fines políticos, desde el principio, en este país.  En esta lógica no habría que extrañarse  de que los que están en el poder quisieran mantenerse en él por encima de la defensa de la vida, y si esto es así, ¿qué importancia tiene el engaño para quien no duda en consentir 300.000 muertes de inocentes* ostentando la mayoría absoluta?

Tanto la ley de supuestos como la ley de plazos son un atentado contra la vida humana y su dignidad. ¿No han permitido los supuestos un incremento permanente del número de abortos, también con Aznar? ¿Quién ha politizado el aborto en este país?, ¿no es hipocresía escandalizarse de que se antepongan los votos a la vida?

Nosotros rechazamos el aborto, desde que se inició el debate en España, por las razones que hicimos públicas en el manifiesto “RECHAZAMOS EL ABORTO PORQUE SOMOS DE IZQUIERDA”. Quisimos con ello mantener viva la herencia recibida de los pobres que en Europa iniciaron, en los albores del Movimiento Obrero, la defensa de su dignidad, de la dignidad de todo hombre, también de los débiles, de los desheredados y explotados; en coherencia con esta actitud moral siempre defendieron la vida hasta que el Movimiento Obrero fue colonizado por ideologías no nacidas entre los pobres. Este manifiesto fue  ampliamente apoyado en 1985 por sectores de todo signo político. Aquellas razones siguen hoy tan vigentes como entonces.  Durante más de 30 años hemos luchado contra la politización de un tema tan universal como es la defensa de la vida humana desde la fecundación hasta la muerte natural.

Toda vida humana debe ser protegida, y cuanto más indefensa más prioritaria, también la vida que es fruto de la injusticia. Cuando aparece el fenómeno sorprendente de un nuevo ser humano, cualquier otra circunstancia pasa a segundo lugar, y hoy no es discutible que la vida comienza en la fecundación. Hacer concesiones frente a esta evidencia nos coloca en la senda que conduce a la barbarie de la eugenesia y a hacer de la persona un simple objeto manipulable.

Esta defensa exige inexorablemente la lucha contra el imperialismo totalitario, contra la cultura materialista, hedonista, individualista, una cultura contra la solidaridad. Sin esta lucha se pone de manifiesto la hipocresía que supone defender solo un tramo de la vida, para dejar en la más absoluta indefensión a la madre, principal víctima junto a su hijo de esta barbarie del aborto, ya opte por seguir su embarazo o por interrumpirlo.

Hay que rechazar radicalmente cualquier concertación con una política que provoque hambre, abortos, guerras, explotación, las migraciones forzadas, etc. Esto sólo es posible desde una acción política auténticamente solidaria en razón de la Justicia con los más débiles y empobrecidos.  Tenemos que  trabajar para hacer que el vientre de la madre sea lo que debe ser: el lugar más seguro y protegido. Y que la sociedad entera lo sea también, antes y después de nacer.

*Con el actual gobierno del PP

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«…los niños por nacer, son los más indefensos e inocentes de todos, a quienes hoy se les quiere negar su dignidad humana… quitándoles la vida y promoviendo legislaciones para que nadie pueda impedirlo… No es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana»

Evangelii GaudiumPapa Francisco

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Via Solidaridad

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Escrito por Redacción

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