Francisco en Ginebra y la Casa Común.

Recientemente un periódico digital publicó que: “la Oficina de Prensa de la Santa Sede ha hecho público, mediante una Conferencia de Prensa, el logotipo que representará al Viaje Apostólico Internacional del Santo Padre a Ginebra, el próximo 21 de junio. En el logo, la Iglesia se representa como un barco en el mar del mundo con el árbol maestro en forma de cruz. Se trata de un antiguo símbolo cristiano que tiene sus orígenes en la historia del Evangelio con la llamada que Jesús hace a los discípulos y en el signo del silencio de la tormenta en el lago de Galilea. En la parte superior del logo, se lee la palabra “oikoumene”, de la cual deriva el término “ecuménico” y que significa “toda la tierra habitada”. En el griego original, reflejaba la interacción de la religión, la filosofía y la administración política a medida que configuraban la sociedad. Cuando el Nuevo Testamento informa de un decreto imperial mediante el cual “todo el mundo” debe someterse a un censo (Lucas 2: 1), la referencia es a “oikoumene”. En el uso moderno, la palabra abarca la unidad de toda la creación de Dios y reconoce cada actividad humana como sujeta al Ministerio de curación del Espíritu de Cristo” (junio, 2018).

El lugar donde todos habitamos y existimos, donde todos nos relacionamos, donde todos los vivientes se alimentan, celebra y ama es un solo lugar: LA CASA COMÚN. Esta Casa Común que los humanos comparten con la diversidad de criaturas, junto con sus habitas y eco-sistemas; Francisco de Asís le llamó “nuestra hermana madre tierra”.

Un principio ético ambiental desde la perspectiva franciscana es el bien común: “reconociendo que todo es gracia y que todos somos hermanos, el sujeto se siente llamado a cuidar la casa común y colaborar gozosamente con todos” (Fr Martín Carbajo). En esta relación basada en la libertad y gratuidad, no cabe el asistencialismo y paternalismo, mucho menos la visión de tratar como objeto las criaturas y la “hermana madre tierra”; en toda relación el sentido de igualdad y libertad es fundamental.

Todas y todos somos constructores de esta Casa Común, sus bienes son para cuidarlos y defenderlos, son parte de las futuras generaciones. Lo COMÚN nos pertenece a todos, en lo político es lo público de una nación, aquello que por ley constitucional nos pertenece en iguales. Los términos “oikoumeme”, ecumenismo, casa común, bien común, ecosistema son expresiones con el mismo sentido: el lugar soñado por el Creador para que lo habitemos todos los vivientes, en equidad, justicia y fraternidad.

En la tradición franciscana el Creador es un ser que actúa con libertad y amor infinito, con una inteligencia amante, con voluntad de crear, que reconoce la creación como su proyecto de amor. La libertad del Dios Trino, es creatividad, es don y belleza, no es capricho, sino voluntad inteligente que actúa libremente creando porque toda la creación es su obra amorosa, hecha desde la lógica del amor que propicia más amor y vida.

Desde la perspectiva franciscana,  es desde el Hijo Encarnado, que nos vemos en la realidad personal y colectiva. El hombre y la mujer son imagen de Dios, imagen de la Trinidad amante que se concreta en la Encarnación; el Hijo ratifica la gratuidad del amor del Padre, la Trinidad en el Hijo se hizo carne e historia por iniciativa amorosa, por entrega generosa de dar la vida con la vida para que se de vida en abundancia.

El bien común, es un planteamiento que relativiza la propiedad privada, más aún, la práctica capitalista de despojo y destrucción de territorios junto con sus bienes naturales, de  desalojo y expulsión de su patrimonio a las grandes mayorías campesinas e indígenas.

Berta Cáceres con sus palabras y vida recreó el sentido de “oikoumene” y el bien común para hacer posible habitar esta CASA COMÚN:

“En nuestras cosmovisiones somos seres surgidos de la tierra, el agua y el maíz. De los ríos somos custodios ancestrales, el pueblo Lenca, resguardados además por los espíritus de las niñas que nos enseñan que dar la vida de múltiples formas por la defensa de los ríos es dar la vida para el bien de la humanidad y de este planeta”.

Fray René Arturo Flores OFM

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