La Iglesia de Tailandia acoge a más de 4.000 cristianos paquistaníes, perseguidos en su país

Muchas familias se ven obligadas a huir de Pakistán por sus duras leyes / CristoJuvenil

La Iglesia de San Miguel en Saphanmai, al norte de Bangkok (Tailandia) se ha convertido desde hace dos años en la única esperanza de más de 4.000 cristianos paquistaníes que “escapan de las leyes sobre la blasfemia de Islamabad que los priva de tierras y bienes”.

Así lo ja explicado para AsiaNews, el misionero de la Congregación de los Oblatos de María Inmaculada (OMI) y párroco de esta iglesia, Domenico Rodighiero, quien se ocupa de recibirlos y acogerlos, “ya sean protestantes o católicos”. Aunque asegura que  también “hay un gran número de musulmanes”.

No reconocidos como “refugiados” por la ONU

La mayoría de los cristianos huyen hasta Tailandia para después desplazarse otros países del sudeste asiático, pero a la llegada de este país se encuentran con otro problema: no tienen ningún derecho reconocido en Bangkok, y por lo tanto, se ven obligados a volver a Pakistán.

El padre Rodighiero explica que “los emigrantes reciben la visa turística en el aeropuerto, con duración máxima de veinte días. A alguno se la renuevan, pero esto sucede raramente, porque cuesta mucho y es complicado”.

Y es que Tailandia no firmó la Convención de la ONU en 1951 para ayudar a los refugiados, y por lo tanto, “los refugiados que estén más del término de la visa no están tutelados y pueden ser detenidos en los centros de detención o repatriados”, asevera el párroco de San Miguel.

La Iglesia de San Miguel, un cobijo para cristianos

Por este motivo, la parroquia que dirige el padre Rodighiero empezó a ocuparse de los productos de primera necesidad para los miles de refugiados. Esta iniciativa, de hecho, fue seguida por las demás diócesis de Tailandia.

Según detalla el misionero de San Miguel: “todos los refugiados son subdivididos en grupos en algunas zonas de Bangkok y viven en habitaciones en alquiler con sus familias”.  Y añade: “yo los visito en sus casas y celebro la misa para los cristianos. Luego voy también al centro de detención, donde están encerrados los ilegales o aquellos a quienes les caducaron las visas”.

El padre Rodighiero denuncia que “lo primero que hay que hacer sería acelerar los procedimientos de la ONU. Desde el punto de vista político, en cambio es más complicado resolver este punto muerto, porque se deben modificar las leyes tailandesas. Además, la ONU en los últimos años disminuyó los recursos para los refugiados en Tailandia, porque hay otras prioridades en el mundo (Siria, África, etc)”.

“La Iglesia Tailandesa es generosa”, concluye el misionero, y advierte que la Iglesia ·ayuda a los refugiados a encontrar trabajo. Algunas veces nos sucede que podemos ayudarlos a volver a sus casas o también los ayudamos en situaciones de enfermedad. Pero no es fácil, porque ellos son muchísimos y las exigencias son enormes. La Iglesia aquí es pequeña y no tiene muchos recursos, la fatiga para enfrentar una emergencia tan grande es difícil”.

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