Entre Lobos y Ovejas 6: Hay una salida.

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Como sucede muchas veces, la historia la escriben los que ganan… es decir los que permanecen. Nadie se ha tomado el trabajo de investigar a los que se fueron y que mantienen, en el mejor de los casos, una fe centrada en el compromiso individual, valioso si pero insuficiente. Dentro de ellas se puede contabilizar a los que heroicamente han colaborado con algún servicio y que debido a circunstancias como las relatadas ò aún peores han abandonado las fraternidades. Se los considera hermanos de la Orden, pero no participan de la vida fraterna privándonos a todos de su riqueza.

El Concilio Vaticano II y muchos papas insistieron en la edificación de una espiritualidad del laicado. Muchos documentos vienen exhortando a los laicos a comprometerse en el variopinto escenario de las realidades seculares. La Regla de la OFS dada durante el papado de Pablo VI es un ejemplo.

La abundancia de textos no fue acompañada por una real presencia de seglares comprometidos en esos ámbitos. Los cristianos que actúan como misioneros evangelizadores individualmente o como grupo son la excepción, no la regla.

Los laicos se clericalizaron y muchos curas recorrieron el camino inverso.

Los seglares pasaron a ocuparse de ministerios extraordinarios. Y con esas tareas perciben haber cumplido con su rol en el mundo. Se prefiere la sacristía al desafío de realidades tales como la política, la educación, el trabajo, la salud, los medios de comunicación, la economía, la opción por los pobres. Triste realidad porque mucha gente como en las épocas de Jesús, anda como ovejas sin pastor, buscando la salvación y la felicidad en donde no se la encuentra.

Un laico comprometido en el mundo es una señal que apunta a lo trascendente. Un laico en la sacristía termina siendo “ni chicha ni limonada”.

 

Actitudes evangélicas para tener en cuenta al enfrentar estos problemas.

La misión de la Iglesia es anunciar el Evangelio, nada mas, pero nada menos. Desde Juan XXIII hasta la fecha los papas han querido llamar la atención sobre las “distracciones” de ese mandato fundacional. Dejar de anunciar   el evangelio con todas las fuerzas, con todo el corazón con toda el alma el la causa de lo que nos pasa. Las actividades laicales se han direccionado hacia lo administrativo, lo burocrático, lo jurídico: el vació hay que llenarlo con algo.

Señor dame serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar

Nadie recuerda que el pecado de pereza no consiste solamente en la inactividad. Nos enseña el jesuita Horacio Bojorge:

“El pecado capital de pereza, al igual que la envidia, es una especie de la tristeza. Podemos definirla diciendo que la pereza es una pesadez de la voluntad para obrar el bien debido. La imagen proverbial del perezoso es la del apático dormilón, que no quiere hacer nada. Pero esa es la fase terminal de su dolencia. En su comienzo el perezoso puede ser un hiperactivo, que hace de todo, menos lo que tiene que hacer, antes de terminar agotado y deprimido. Es un ansioso que pasa de la conmoción a la apatía, de la agitación al agotamiento. Por una combinación de pereza y avaricia, los superejecutivos, son devorados por la fiebre del trabajo y descuidan hogar, esposa e hijos, y son consumidos en breve tiempo por el stress. La pereza, entonces, contra lo que sugiere equivocadamente la opinión común, no consiste en no hacer nada. Consiste en no hacer lo debido. El perezoso puede obligarse a mil ocupaciones no obligatorias con tal de no cumplir con su obligación”[1]

 Vamos a reuniones de la pastoral, asambleas, cursos, encuentros. Y parece una iglesia en acción…. Nada más equivocado.  Tal vez de esta percepción hayan nacido el “hagan lío” o “Prefiero una iglesia accidentada a una enferma” del papa Francisco.   

Jesús en el Evangelio nos propone muchos caminos con los que enfrentar a los lobos con piel de oveja. Jesús no predico el aislamiento, aunque se haya retirado a orar tantas veces en soledad. La oración es lo único que nos da fortaleza y consuelo. Porque seguimos siendo falibles y frágiles. ¡Hubo tantos santos estafados en su buena fe!… Y si no recordemos al Padre Pío cuando emprendió su obra Casa Alivio del Sufrimiento. O más acá la defraudación ocurrida en la Curia General de los Hermanos Menores ya mencionada.

Unos de los mas reputados especialistas en psicopatía y criminalidad, el Dr. Hare, con una trayectoria tal que es una referencia en el tema, a pesar de sus grandes conocimientos,  a pesar de haber escrito libros, dado conferencias para desenmascarar esta epidemia de nuestra cultura, fue burlado en su buena fe junto con dos colegas, por un psicópata. A todos nos puede pasar una vez. El problema de nuestras fraternidades y de la propia institución es que por falta de comunicación y por evitar hablar de estos espinosos temas sucede todo el tiempo. Sucede en la Iglesia en general, en muchas instituciones. El resultado es el alejamiento de toda adhesión a la participación.

Vivir el Evangelio nos debería llevar a establecer relaciones humanas sanas y sanadoras. Sin embargo, hay que distinguir claramente entre lo que personalmente cada persona acepta sobrellevar como gesto de la mansedumbre exigida por el Maestro a sus seguidores, con la complicidad con el abuso emocional que estos hermanos hacen en la persona de otros menos formados. Los pastores deben involucrarse. Como decía aquella vieja canción “Dentro de cada uno hay un bien y un mal, mas no dejes que ninguno ataque a la humanidad. Ámalos como son mas lucha porque sean, los hombres y mujeres que Dios quiso que fueran”

Señor dame valor para cambiar las cosas que puedo cambiar

Todas las consideraciones que se proponen apuntan a la prevención que no es más que el crecimiento personal y espiritual del hermano, cualquier hermano, incluso el que no va a permanecer. Nunca olvidemos que el Bautismo nos hace hermanos. La profesión de la Regla OFS lo que nos propone es un compromiso aún mayor al servicio de todo aquel  que se acerca con alguna búsqueda, con algún chispazo de admiración por Francisco, encendida por el Espíritu Santo.

 

En la próxima entrega: Las enseñanzas de Jesús.

[1] www.horaciobojorge.org

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Escrito por Cecilia Jaurrieta

Maria Cecilia Jaurrieta esta casada y tiene cinco hijos y seis nietos. Profesó en al Orden Franciscana Seglar en 1986.
Es bioquímica y ha colaborado con distintos medios graficos y radiales franciscanos como NUEVA POMPEYA y EL MENSAJERO DE SAN ANTONIO. Ha publicado varios trabajos relacionados con la religiosidad popular en la Editorial San Pablo. Ha recibido capacitación en mediación comunitaria con la cual ha enriquecido los talleres de educación para la paz que anima desde 1998.

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